Un descendiente de Juan Eligio Montemayor: José Felipe Neri Montemayor
Crónica de un Linaje: Los De la Garza Falcón y Montemayor en el Nuevo Reino de León
Esta narrativa traza el curso de una familia a lo largo de tres siglos, desde los días de la avanzada colonial en el Nuevo Reino de León hasta la era moderna. A través de testamentos, actas de matrimonio y registros de defunción, se revela no solo una genealogía, sino la historia social, religiosa y jurídica de la región, marcada por alianzas familiares, la observancia del derecho canónico y la adaptación a un entorno en constante cambio.
Primera Generación: La Simiente del Capitán Blas de la Garza Falcón
La crónica comienza con el Capitán Blas de la Garza Falcón, una figura prominente en el Monterrey del siglo XVII. Su sepultura, el 21 de febrero de 1669 en el Sagrario Metropolitano de Monterrey, fue un evento de notable solemnidad. Su testamento, levantado ante el Alcalde Ordinario Juan Cabasos, estipulaba un entierro en la iglesia de San Francisco, una misa de cuerpo presente, dos novenarios cantados y setenta y cinco misas rezadas, incluyendo veinticinco en el prestigioso Altar del Perdón en la Ciudad de México, un claro indicador de su estatus y piedad (Defunciones del Sagrario Metropolitano, Monterrey, 21 Feb 1669).
Su esposa, Beatriz González Hidalgo, hija de Marcos González Hidalgo de Valle, le sobrevivió apenas un año, siendo sepultada el 10 de mayo de 1670. No dejó testamento, pero sus herederos cumplieron con los ritos religiosos, incluyendo misas por las almas de sus padres y su marido (Defunciones del Sagrario Metropolitano, Monterrey, 10 May 1670).
En esta época, Monterrey era un baluarte en la frontera septentrional de la Nueva España, una sociedad militarizada donde los lazos familiares eran cruciales para la supervivencia y el poder. Los hijos de Blas y Beatriz cimentaron el futuro del linaje a través de alianzas estratégicas:
- Inés de la Garza Falcón se casó con el Capitán Diego Rodríguez de Montemayor, hijo de Miguel de Montemayor y Mónica Rodríguez Treviño.
- Juan de la Garza Falcón se casó con Margarita Rodríguez de Montemayor, hermana de Diego.
Estos matrimonios cruzados crearon un lazo indisoluble entre las familias De la Garza y Montemayor, dos de los linajes más influyentes de la región. El testamento de Diego Rodríguez de Montemayor, fallecido en 1676, refleja las preocupaciones de la época, incluyendo mandas de misas por el alma de su padre y, notablemente, por “el alma de los naturales, que han muerto a su servicio”, un reconocimiento de la compleja relación entre los colonos y la población indígena (Defunciones del Sagrario Metropolitano, Monterrey, 10 May 1676).
Segunda Generación: Expansión y Complejidad Familiar
El Capitán Lázaro de la Garza Falcón, hijo de Blas, continuó el legado familiar. Su testamento, fechado el 4 de febrero de 1694, es una ventana a la vida de un terrateniente del Nuevo Reino. Se identifica como “natural de este Reino”, hijo de Blas, “natural que fue del real de Mapimí”, y de Beatriz, “de la villa del Saltillo”, ilustrando los patrones de migración de las familias fundadoras (Protocolos del Archivo Histórico Municipal de Monterrey, Vol. 5, Exp 1, 1694).
Lázaro tuvo dos matrimonios que expandieron notablemente su descendencia:
- Con Petronila de Montemayor, hija del Capitán Miguel de Montemayor, reforzando la alianza con esta familia. De ella tuvo nueve hijos, entre ellos Miguel de la Garza Montemayor, quien continuaría la línea principal.
- Tras la muerte de Petronila en 1672, se casó con Inés Ayala de Saldívar y Sosa en 1673, con quien tuvo ocho hijos más.
Su testamento detalla sus bienes —tierras, ganado, y objetos de valor como “un cintillo de oro, de sombrero, con 33 eslabones”— y sus deudas. De manera conmovedora, relata la promesa de su padre de financiar una misa cada viernes en el convento de San Francisco y cómo él, “como hijo obediente”, continuó la tradición, aunque liberó a sus propios hijos de la obligación. Lázaro fue sepultado el 22 de febrero de 1694 en la Parroquial de Monterrey (Defunciones del Sagrario Metropolitano, Monterrey, 22 Feb 1694).
Tercera Generación: Encomiendas y Alianzas con los Villarreal
El Capitán Miguel de la Garza Montemayor, hijo de Lázaro, consolidó la posición de la familia. En 1694, le fue confirmada la encomienda de una ranchería de indios Alazapas, un derecho heredado de su padre. Este sistema, que otorgaba a los españoles control sobre el trabajo indígena a cambio de su evangelización, fue un pilar de la economía colonial (Cavazos Garza, Ramo Civil, Vol. 23, 1694).
Miguel se casó con Clara de Villarreal Rentería, hija del Sargento Mayor Diego de Villarreal, uniendo a su familia con otro de los clanes más poderosos de la región. Su testamento, otorgado por su esposa en 1703, detalla sus bienes y nombra a sus hijos, Margarita y Diego de la Garza Montemayor, como herederos. Miguel fue sepultado en el convento de San Francisco el 2 de diciembre de 1702 (Defunciones del Sagrario Metropolitano, Monterrey, 2 Dic 1702).
Cuarta Generación: La Unión de Primos
En esta generación, dos ramas del linaje original de Blas de la Garza Falcón se reunieron. Diego Montemayor Villarreal, hijo de Miguel, fue bautizado el 8 de octubre de 1699, apadrinado por el Sargento Mayor Francisco de la Garza (Bautismos del Sagrario Metropolitano, Monterrey, 8 Oct 1699). El 6 de febrero de 1718, Diego se casó con María Lucía Gertrudis de la Garza de Ochoa. Ella era su prima, nieta de Catalina de la Garza Guerrero (hija de Blas de la Garza Falcón II). Este matrimonio endogámico, común en la élite local para consolidar patrimonios, unificó las herencias y fortaleció el linaje.
Quinta Generación: La Vida en Marín y el Rigor Testamentario
El hijo de esta unión, Juan Eligio Montemayor, representa la expansión de la familia hacia el Valle de Salinas. Vivió en el Puesto de Santa Elena y se casó con María Ignacia Casimira García de Evia el 24 de noviembre de 1766 en la Ayuda de Parroquia de San Antonio de los Martínez, que más tarde formaría parte de Marín (Matrimonios de la Asunción, Marín, 24 Nov 1766).
Su defunción, el 13 de noviembre de 1802, está meticulosamente registrada. Recibió “entierro mayor, misa y vigilia de cuerpo presente”. Su testamento refleja una profunda preocupación por el más allá, dejando “cien pesos para finca de cuatro misas cada año por su alma y por la de su esposa” y pagando las “mandas forzosas”, donaciones obligatorias a causas pías como la redención de cautivos (Defunciones de la Asunción, Marín, 13 Nov 1802).
Sexta Generación: El Derecho Canónico y las Dispensas por Consanguinidad
José Felipe Montemayor García, bautizado en 1770, ilustra de manera contundente la complejidad de las redes de parentesco y la aplicación del derecho canónico. Su vida matrimonial fue extensa, casándose tres veces. Sus dos primeros matrimonios requirieron dispensas papales por consanguinidad:
- Con Ana Josefa González en 1790, dispensados de “dos parentescos de consanguinidad —uno en tercero y otro en cuarto grado igual—” (Matrimonios de Guadalupe, Salinas Victoria, 19 Nov 1790).
- Con Juana González Paredes en 1792, tras enviudar, dispensados de “un parentesco de cuarto grado igual de consanguinidad y otros impedimentos que resultaron por afinidad” (Matrimonios de Guadalupe, Salinas Victoria, 21 Ago 1792).
Estas dispensas eran necesarias porque la Iglesia prohibía matrimonios entre parientes cercanos. El hecho de que fueran solicitadas y concedidas demuestra tanto la endogamia de la sociedad neoleonesa como la existencia de un sistema jurídico-religioso que, aunque estricto, ofrecía vías para legitimar uniones necesarias para la cohesión social de la élite. José Felipe murió en 1844, recibiendo solo la extremaunción debido a un “dolor repentino” (Defunciones de la Asunción, Marín, 11 Ene 1844).
Séptima y Octava Generación: La Transición a la República y a General Zuazua
José Benigno Estanislao Montemayor González, hijo de José Felipe y su segunda esposa, nació en 1804, en los albores de la independencia de México. El 22 de julio de 1826, se casó con María Antonia Martínez en Marín. Una vez más, la consanguinidad fue un factor, requiriendo una dispensa episcopal para “tres parentescos de consanguinidad en tercero con cuarto grado iguales” (Matrimonios de la Asunción, Marín, 22 Jul 1826).
Su hijo, Jesús Montemayor Martínez, continuó esta tradición. Su matrimonio el 19 de noviembre de 1856 con María Pantaleona Martínez Martínez necesitó la dispensa más significativa hasta ahora: “el impedimento de dos parentescos de consanguinidad, uno en segundo grado y el otro en tercero”, indicando una relación de primos hermanos (Matrimonios de la Asunción, Marín, 19 Nov 1856).
Esta generación vivió la transición de la Hacienda de Santa Elena a la Villa de General Zuazua. Sus muertes, ocurridas en 1880 y 1908 respectivamente, fueron registradas por el Registro Civil, una institución del nuevo estado liberal mexicano que asumió las funciones que antes eran exclusivas de la Iglesia. El acta de defunción de Benigno Montemayor es una de las primeras de la familia en este nuevo formato (Registro Civil de Nuevo León, Defunciones, 31 Dic 1880).
Generaciones Recientes: Del Siglo XIX al XX
Bernardo Montemayor Martínez, nacido en 1866 en General Zuazua, se casó en 1900 con María T. González González en la vecina Villa de Higueras. El proceso de su matrimonio está documentado con gran detalle en el Registro Civil, desde el “Acta de Presentación Matrimonial” hasta el acta final, mostrando la consolidación de la burocracia estatal (Registro Civil de Nuevo León, Matrimonios, 1 Jun 1900).
Su hijo, Nemesio Montemayor González, nacido en 1914, representa la entrada de la familia en el siglo XX. Su vida se extendió más allá de las fronteras de México; falleció en Texas, Estados Unidos, en 1998, como lo atestiguan los archivos de la Seguridad Social de ese país (United States, Social Security Numerical Identification Files, 8 Nov 1998).
La undécima generación, con María Elena Montemayor Martínez, nacida en 1944, y su matrimonio con Roberto Ramón García Villarreal en 1962, lleva esta crónica familiar a la era contemporánea, un linaje que comenzó con los capitanes y encomenderos de la frontera y que ha perseverado a través de siglos de cambios históricos, sociales y políticos.
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