Una Familia Bajo el Precio del Mercado

En el Monterrey de mediados del siglo XVIII, el General Juan García de Pruneda se presentó ante el escribano público para liquidar “propiedades” heredadas de su padre. Sin embargo, no se trataba de tierras o ganado, sino de tres personas: Isabel, de 42 años; su esposo, Antonio de la Cruz, de 35; y su hijo Santoleón, un niño de apenas doce o trece años.

Lo más atroz de esta narrativa no es solo el aislamiento de sus identidades, sino el lenguaje mercantil utilizado para describir sus vidas. Isabel es tasada en 350 pesos, un precio determinado por su historia de “propietarios” anteriores que se remonta a escrituras de 1721 en Orizaba. Antonio, cuyo rastro legal se perdió en un documento “traspapelado”, fue valorado en 250 pesos.

La Infancia Vendida y la complicidad Institucional

Quizás el punto más oscuro del documento radica en la venta de Santoleón. El General García de Pruneda especifica que el niño nació en su propia casa y que, por el simple hecho de haberlo “criado y adecuado”, le asigna un valor de 200 pesos. Esta frase revela la profundidad de una herida social: el afecto o la crianza no generaban un vínculo de protección, sino que incrementaban el valor de mercado del menor.

Este horror no ocurría en la clandestinidad. La transacción se realizó:

  • Bajo el amparo de la ley: Ante el Escribano Público y de Cabildo, Juan José Roel y Andrade.

  • Con el silencio de la Iglesia: Aunque la Iglesia Católica bautizaba a los esclavos y reconocía sus almas, permitía y participaba de la estructura económica que los mantenía como “piezas” sujetas a servidumbre, “libres de empeño” pero cargados de cadenas invisibles.

  • Con el aval social: Entre testigos de alto rango militar y social, como el Sargento Mayor Juan Francisco Sánchez de Robles, quienes firmaron la escritura sin cuestionar la moralidad de separar o vender a una familia como si fueran ganado, garantizando que estaban libres de “vicio, tacha, defecto ni enfermedad”.

La narrativa de Isabel, Antonio y Santoleón es la crónica de una tragedia permitida por la fe y la ley, donde la libertad no era un derecho humano, sino un lujo que ellos, como “negros atezados”, tenían prohibido poseer.

Referencia Bibliográfica (APA 6)

Archivo Municipal de Monterrey. (1749). Venta de esclavos: Gral. Juan García de Pruneda vende a Manuel de San Sebastián y Velasco tres esclavos negros (Isabel, Antonio de la Cruz y Santoleón). Protocolos, Volumen 15, Expediente 1, Folio 75 NO 38. Monterrey, Nuevo León, México.

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