El Último Legado del Cronista: Juan Bautista Chapa

Aquel día, el frío de enero calaba en los muros de adobe de la casa de cuatro cuartos que Chapa habitaba, un regalo de su suegro Juan de Olivares. Frente al Teniente de Gobernador, el General Antonio Fernández Vallejo, y rodeado de testigos que portaban apellidos que forjarían la historia regia —Treviño, Sáenz, Almandos—, el anciano comenzó su relato final.

De Génova a las Tierras del Norte

Juan Bautista recordó sus orígenes lejanos. Se identificó como hijo legítimo de Bartolomé Chapapria y Batestina Bad, naturales de la villa de Albisola, en la ribera de Génova. Resulta fascinante que aquel hombre, que administró fortunas ajenas y registró las expediciones de Alonso de León, confesara ahora una profunda humildad: no tenía bienes suficientes para una misa cantada de cuerpo presente. Su entierro quedaría a la voluntad de sus albaceas.

Los Afectos y las Deudas del Corazón

Chapa evocó a su difunta esposa, Beatriz de Treviño, con quien formó un linaje compuesto por sus hijos Nicolás, Gaspar, José María y María. Recordó la dote de Beatriz: 500 chivas y cuatro caballerías de tierra, bienes que habían estado en pleito, reflejo de la naturaleza litigiosa de la época por la posesión del suelo.

Su sentido del deber lo angustiaba. Mencionó que aún no cumplía con el albaceazgo de sus suegros, especialmente de Juana de Treviño, fallecida apenas unos meses antes, en julio de 1693, debido a que el reparto de la Estancia de San Antonio seguía pendiente.

El Administrador de Fortunas, el Hombre Pobre

La narrativa de su testamento revela una paradoja común en la frontera. Chapa fue el hombre de confianza de los poderosos:

  • Administró las mercancías del General León de Alza, una fortuna de más de 40,000 pesos.

  • Gestionó la hacienda de Don Nicolás de Azcárraga, valuada en 48,000 pesos.

Por su lealtad y por asistir en las “diligencias del gobierno”, Azcárraga le otorgaba un vestido nuevo cada año. A pesar de haber manejado tales riquezas, Chapa insinúa su pobreza ante el escribano. En un gesto de redención y humildad, pide a sus antiguos patrones que, si les quedó debiendo algo, lo perdonen.

La Tierra y la Fe

Sus bienes materiales eran modestos pero significativos para el trazado de la joven ciudad:

  • Un solar frente a Pedro de Almandos, merced del Gobernador Alonso de León (su gran compañero de exploraciones).

  • Repartió solares al norte a vecinos y conocidos, incluyendo a la hija de Francisco, un esclavo del cura beneficiado, mostrando un rincón de humanidad en una sociedad estratificada.

Hacia el final, su preocupación se centró en Juana, a quien encargó a sus hijos Gaspar y José para que procuraran que “tomara estado” (matrimonio o convento). Para asegurar el descanso de su alma y la de su esposa, ordenó que diez reses que su hijo Nicolás tenía en Cerralvo se aplicaran a una “obra pía”.

Nota Histórica: Este testamento es una pieza clave para la historiografía del noreste mexicano. Juan Bautista Chapa (Giovanni Battista Schiapapria) es reconocido hoy como el autor de la “Historia de Nuevo León”, escrita de forma anónima para evitar conflictos políticos, revelando en este documento de apenas dos fojas la sencillez con la que murió uno de los hombres más cultos e influyentes de la época colonial regiomontana.

Archivo Municipal de Monterrey (AMM). (1694). Testamento de Juan Bautista Chapa (Protocolos, Vol. 5, Exp. 1, Folio 66, No. 27). Ciudad Metropolitana de Monterrey, Nuevo León, México.

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