El Legado de Juan Bautista Chapa: Una Ventana al Nuevo Reino de León

En los anales del Nuevo Reino de León, a finales del siglo XVII, la voz de Juan Bautista Chapa resuena a través de su testamento, un documento que no solo revela sus últimas voluntades, sino que también pinta un vívido cuadro de la vida en la frontera norestense de la Nueva España. Postrado por una enfermedad, pero con la mente lúcida, Chapa, un inmigrante genovés de Arbisola, se encomienda a Dios y a la Virgen María antes de dictar un testimonio que se convertiría en un valioso retazo de la historia colonial.

Un Hombre de Familia y Fe
Juan Bautista Chapa fue un hombre profundamente arraigado a su fe católica, como lo evidencia la mención explícita de su creencia en la Santísima Trinidad y su deseo de vivir y morir como cristiano. Su preocupación por su alma se manifiesta en la intención de que se le digan misas, aunque con la humildad de reconocer la escasez de sus bienes para costearlas.

Su vida familiar fue central. Casado con la difunta Beatriz de Tremiño, procrearon seis hijos legítimos: Nicolás, Juan, Gaspar, José, María y Juana. A través de su testamento, Chapa no solo los declara sus herederos, sino que también revela detalles sobre la dote de su esposa, quinientas chivas que recibió de su suegro, Juan de Olivares, y la administración de tierras provenientes de la misma herencia.

Redes de Poder y Deudas del Pasado
La vida de Juan Bautista Chapa estuvo entrelazada con las figuras más influyentes del Nuevo Reino de León. Fungió como albacea de sus suegros, Juan de Olivares y Juana de Tremiño, un rol que implicaba una gran responsabilidad en la gestión de sus bienes y el cumplimiento de sus últimas voluntades. La mención de un pleito pendiente por tierras y la falta de cumplimiento del testamento de su suegra, por tierras aún no vendidas, evidencian las complejidades legales y económicas de la época.

Pero más allá de los asuntos familiares, Chapa se movió en los círculos del poder colonial. Declaró haber administrado la hacienda de General León de Alza, exgobernador del reino, manejando sumas que superaban los cuarenta mil pesos. Aunque las cuentas nunca se liquidaron por la “confusión”, Alza, confiado en su honestidad, no le pidió explicaciones. De manera similar, administró la hacienda de Don Nicolás de Azcárraga, otro exgobernador, por una suma aún mayor, cuarenta y ocho mil pesos. A pesar de un alcance de ochocientos pesos, Azcárraga, en un gesto de confianza y gratitud, nunca le cobró e incluso le proveía un vestido anual por su asistencia en asuntos de gobierno. La preocupación de Chapa por saldar cualquier deuda pendiente, a pesar de su pobreza, habla de su integridad.

Bienes, Herencias y Peticiones Post Mortem
El patrimonio de Juan Bautista Chapa, aunque modesto, revela la vida de un colono de su tiempo. Su casa de cuatro cuartos, heredada de su suegro, era el centro de su hogar. Además, poseía otros solares, algunos por merced de los gobernadores Alonso de León y Don Nicolás de Azcárraga, de los cuales había donado porciones a su nieta y a otros vecinos.

En un codicilo posterior, Chapa añadió importantes aclaraciones. Recordó la herencia de sus padres en Arbisola, Italia, donde era el único heredero de una viña y tierras de cultivo. Con la esperanza de que sus hijos pudieran algún día reclamar esa herencia, que valoraba en al menos cuatrocientos escudos, dejó constancia de ella. También detalló sus posesiones personales: una silla de montar, espuelas, un freno, un arcabuz, una daga, muebles modestos y libros en castellano, latín e italiano. Los libros, particularmente valiosos, muestran su interés por el conocimiento, legando algunos a sus hijos y pidiendo que otros fuesen vendidos para sufragar misas por su alma.

Entre sus propiedades también se encontraba una merced de tierras en Cerralvo, otorgada por el gobernador Francisco Cuervo de Valdés, y dos solares en la misma villa. Su generosidad se extendía a su hija María, a quien le dio objetos sentimentales como las imágenes de San Francisco de Paula y la Virgen de Guadalupe.

Un Último Deseo y un Legado Duradero
En sus últimas voluntades, Chapa designó a sus hijos Gaspar y José como sus albaceas, encomendándoles la tarea de cuidar de su hermana Juana y asegurar que encontrara esposo. Además, hizo mención de ganado en Cerralvo destinado a una “obra Pía” por el alma de su esposa y la suya propia.

Finalmente, el 8 de enero de 1694, en la ciudad de Monterrey del Nuevo Reino de León, Juan Bautista Chapa dictó y firmó su testamento, con la presencia del Teniente de Gobernador General Don Antonio Fernández Vallejo y varios testigos. Pocos días después, el 18 de enero, añadió el codicilo, ratificando su última voluntad.

El testamento de Juan Bautista Chapa es más que un simple documento legal; es una cápsula del tiempo que nos transporta a los desafíos, las creencias y las relaciones sociales de un colono en el Nuevo Reino de León. A través de sus palabras, podemos vislumbrar la importancia de la fe, la familia, las redes de poder y las complejidades económicas que definieron la vida en el México colonial.

 

Sobre el autor:
Benicio Samuel Sánchez García es un destacado genealogista profesional en México, reconocido por su amplia trayectoria y compromiso con la preservación de la memoria ancestral. Es presidente de la Sociedad Genealógica y de Historia Familiar de México y director del Instituto Mexicano para la Certificación de Genealogistas Profesionales. Su experiencia abarca desde la investigación de linajes familiares, incluyendo la genealogía sefardí en México, hasta el estudio de la historia regional y local, aportando nuevas perspectivas y evidencias en el campo. Sánchez García es miembro de diversas asociaciones nacionales e internacionales, lo que avala su prestigio y le permite acceder a una vasta red de recursos y conocimientos en la investigación genealógica.

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