Testamento, cerrado y sellado, del capitán Miguel de Montemayor
Un retrato del Nuevo Reino de León a través de un testamento.
El 11 de octubre de 1643, en su hacienda de Los Nogales, el capitán Miguel de Montemayor se enfrentaba al final de su vida. Un hombre que había dedicado su existencia a la colonización del Nuevo Reino de León. En su lecho de muerte, dictó su última voluntad. Su testamento, más que un simple recuento de bienes, se convirtió en un valioso documento histórico que nos revela la vida, los valores y las complejidades de la sociedad novohispana del siglo XVII.
El documento comienza con una declaración de fe y un deseo de ser enterrado en un lugar específico:
> “Dispone ser sepultado en la parroquial de esta Ciudad, ‘donde tengo señalada mi sepultura y tomado posesion, como consta en los papeles y recaudos que dello tengo'”.
> Este fragmento muestra la importancia de la religión y la preeminencia social de la época. No solo quería ser sepultado en un lugar sagrado, sino que también se aseguraba de que el espacio ya estaba reservado para él, lo que refleja su estatus y previsión. La fe se entrelaza con el estatus social, pues el rito de la sepultura era un acto público que manifestaba la posición del difunto en la comunidad.
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Miguel de Montemayor no solo era un colono, sino un verdadero fundador. En su testamento, se enorgullece de su participación en la pacificación y población de la región desde una edad muy temprana. Nos habla de un mérito que creía digno de recompensa, un premio que la Corona española había prometido a los que arriesgaban sus vidas por la expansión de su imperio.
> “Declaro que de edad de 8 años entre con el dicho Diego de Montemayor, mi abuelo, a la poblacion y pacificacion deste reino, a donde, sin haberme salido, me he (ocupado) en servicio de Su Majestad, en la dicha conquista; Declaro me es debido el premio de dichos servicios y conquista, cuyo merito transfiero en mis hijos, para que Su Majestad se sirva remunerarlos con el premio que por sus reales cedulas tiene ofrecido”.
> Esta declaración revela la mentalidad de los conquistadores y sus descendientes, quienes veían su sacrificio como una inversión para el futuro de su linaje. Montemayor no buscaba la recompensa para sí mismo, sino para sus hijos. En un momento de crisis personal, su preocupación principal era la continuidad y el bienestar de su familia.
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A través del testamento, vemos la impresionante riqueza de un hombre que controlaba vastos recursos de la tierra. Su patrimonio incluía la hacienda de Los Nogales, animales de trabajo, ganado, objetos de plata e, incluso, tierra.
> “Bienes: la hacienda de los Nogales, con su casa, 78 bueyes de arada, 16 rejas y 3 barras de hierro, 6 platillos de plata, 2 escudillas, con su salero de plata, entero, y un jarro de pico, 2,500 cabezas de ganado menor”.
> Esta lista de bienes revela un microcosmos de la economía del Nuevo Reino de León, que se basaba principalmente en la agricultura y la ganadería. Los platillos y las escudillas de plata indican su posición acomodada, mientras que las herramientas agrícolas y el ganado demuestran su dedicación a la explotación de la tierra.
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El capitán también menciona su matrimonio con Mónica Rodríguez, de una familia influyente, y el dote que esta trajo, lo que nos da pistas sobre cómo se hacían los matrimonios en esa época. Además, el testamento no se limita a su vida privada. Montemayor reconoce a sus hijos legítimos y, en un acto sorprendente y humano para la época, a sus “hijos bastardos”, a quienes también les deja una herencia.
> “Hijos bastardos: Maria, mujer que fue de Juan Maldonado, y Juana, mujer de Andres de Charles. A la primera ya dio alguna cantidad, y a Juana le deja 50 pesos”.
> Este gesto ilustra la complejidad de la moral y las relaciones sociales en el periodo colonial. Reconocer a sus hijos ilegítimos era un acto de responsabilidad paternal, que no era tan común.
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Finalmente, el inventario de sus posesiones nos da una imagen vívida de su vida cotidiana y de los objetos que lo rodeaban. Entre su ropa, armas y herramientas de minas, el testamento dibuja una imagen de un hombre que era un terrateniente, un soldado y, posiblemente, un minero.
> “Ropas: un vestido de paño pardo veinticuatreño. ‘muy bien obrado, con botones de oro y seda;’… Señala entre sus prendas personales un aracabuz de rastrillo, una espada y daga plateada, y una silla jineta, ‘muy aderezada, con su caparazon azul'”.
> Estos detalles nos muestran la importancia de la vestimenta como un símbolo de estatus, y de las armas como herramientas necesarias para la vida en la frontera. Además, el testamento también nos revela la generosidad del capitán con la iglesia, incluso en la muerte.
> “Declara que debe a la iglesia parroquial de esta ciudad 500 pesos ‘y que, por verla tan pobre, le hago larga de ducientos pesos'”.
> En un tiempo en que la iglesia era un pilar fundamental de la sociedad, esta acción resalta la piedad y el compromiso de Montemayor con su fe.
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En su conjunto, el testamento del Capitán Miguel de Montemayor no es solo una lista de posesiones. Es una ventana al pasado, una narración personal de la vida en la frontera, una época de conquista y colonización, donde la fe, la familia y el honor eran los pilares que sostenían la existencia de un hombre y, en última instancia, de toda una sociedad.
Extracto:
Testamento, cerrado y sellado, del capitán Miguel de Montemayor
vecino de esta Ciudad, hijo legitimo del Capitan Alberto del Canto y de doña Estefania de Montemayor, difuntos.
Dispone ser sepultado en la parroquial de esta Ciudad, “donde tengo señalada mi sepultura y tomado posesion, como consta en los papeles y recaudos que dello tengo”. Pide se diga misa ofrendada de pan, vino y cera, y se le amortaje con el hábito de San Francisco.
Dispone se digan 25 misas en la parroquial y 25 en San Francisco, otras 10 misas “por el anima de mi abuelo”, y 10 por la del Capitan Diego Rodriguez, “mi suegro”, y un novenario rezado o cantado.
“Declaro que de edad de 8 años entre con el dicho Diego de Montemayor, mi abuelo, a la poblacion y pacificacion deste reino, a donde, sin haberme salido, me he (ocupado) en servicio de Su Majestad, en la dicha conquista;
Declaro me es debido el premio de dichos servicios y conquista, cuyo merito transfiero en mis hijos, para que Su Majestad se sirva remunerarlos con el premio que por sus reales cedulas tiene ofrecido”.
Bienes: la hacienda de los Nogales, con su casa, 78 bueyes de arada, 16 rejas y 3 barras de hierro, 6 platillos de plata, 2 escudillas, con su salero de plata, entero, y un jarro de pico, 2,500 cabezas de ganado menor.
A Diego Rodriguez, su hijo, le ha dado, “con gusto de su madre mas de 30 yeguas y 100 vacas, que hoy tiene herradas con su hierro, y 600 cabezas de ganado menor, que… ha granjeado por si y son suyas”.
Declara que la hacienda y bienes son de su esposa. Consigna entre sus bienes cuatro caballerias de tierra. “arriba de la dicha hacienda, en el Carrizalejo, sitios de ganado menor, con mas el potrerillo y este valle, que corre desde aqui hasta el rio que llaman de Mederos, y en el sitios de ganado menor y mayor, hasta el puesto que llaman de San Salvador”. Otras cuatro caballerias de tierra frente a los Solises, que son tambien de don Diego y de doña Elvira de Montemayor, sus hermanos. Señala tambien los indios caciques Anayguan, y Yapiniguanos y Macasuicheo.
Declara que debe a Luis de Morales tres arrobas de azucar, una de chocolate y un almud de sal, y que le tiene dadas por esto 50 fanegas de trigo, a 2 pesos cada una. Señala tambien como bienes 300 vacas, 200 yeguas herreras y 25 caballos y, ademas, 3,000 pesos que le debe el Gobernador don Martin de Zavala.
Ropas: un vestido de paño pardo veinticuatreño. “muy bien obrado, con botones de oro y seda;” 2 jubones, un armador de raso, “labrado, con botones de oro y seda, con su punta de diamante y mangas de chicela negra”; otro armador, “con su pasamanillo negro y mangas negras de terciopelo, con mas ligas y medias”. Declara que le debe a la iglesia parroquial de esta ciudad 500 pesos “y que, por verla tan pobre, le hago larga de ducientos pesos”.
Declara ser casado con Monica Rodriguez , hija legitima del Capitan Diego Rodriguez, “justicia mayor y capitan a guerra que fue de este reino mas tiempo de doce años continuos”, y de Sebastiana de Treviño, quienes le dieron en dote 8000 pesos; “declarando que mi caudal seria otra tanta cantidad”.
Hijos: Diego, Margarita, Petrona, Maria Francisco, Domingo, Jose, Bernarda y Mateo, “y de presente esta preñada la susodicha mi mujer”.
Hijos bastardos: Maria, mujer que fue de Juan Maldonado, y Juana, mujer de Andres de Charles. A la primera ya dio alguna cantidad, y a Juana le deja 50 pesos. Deja tambien 50 pesos “para una doncella pobre”.
Señala entre sus prendas personales un aracabuz de rastrillo, una espada y daga plateada, y una silla jineta, “muy aderezada, con su caparazon azul”. Cita tambien fuelles, tenazas, martillos y otras herramientas de minas.
Albaceas el Capitan Gonzalo Fernandez de Castro, “mi hermano”, el padre Martin Abad de Uria, “mi compadre”, Diego, “mi hijo”, y Monica Rodriguez.
Cerrado ante el Capitan Martin de Aldape, Justicia Mayor y Capitan a Guerra, y Juan de Abrego, Secretario.
Testigos Pedro Ibañez, el Capitan Pedro Romero, Francisco Sanchez de la Barrera, el Capitan Diego de Velasco Agüero, Bartolome Ortiz, Jose Duran y Francisco de Treviño.
Testamento de Miguel de Montemayor, hijo de Alberto del Canto y Estefania de Monemayor/Fondo: Ciudad Metropolitana de Monterrey (segunda epoca)/Seccion de Fondo: Testamentos y Herencias/Serie: Testamentos/Titulo: Testamento del Capitan Miguel de Montemayor./Lengua: ESPAÑOL/Lugar: HACIENDA DE LOS NOGALES, JURISDICCION DE MONTERREY/Fecha: 11/Oct/1643/Fojas: 0/Coleccion: PROTOCOLOS/Volumen: 5/Expediente: 16/Folio: 3/Notas: ESTE EXPEDIENTE ESTA FISICAMENTE EN RAMO CIVIL PERO/PERTENECE A PROTOCOLOS./Descripcion: Protocolos. Ramo Civil.
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