La Demanda de Nulidad Matrimonial de Doña Feliciana de los Reyes Cervantes: Un Vistazo a la Guadalajara de 1674

La historia de Doña Feliciana de los Reyes Cervantes se despliega en la Guadalajara de 1674, ofreciéndonos una ventana a las complejidades legales y sociales de la época. Su demanda de nulidad matrimonial, documentada a lo largo de diecisiete fojas (aunque incompletas), revela un relato de coerción, abuso y la lucha de una mujer por su libertad y justicia.

Los Primeros Años y un Matrimonio Forzado
Doña Feliciana, huérfana desde muy niña, quedó bajo la tutela del Licenciado Antonio de Silva, beneficiado y juez eclesiástico del Real y Minas de Jora, y al cuidado de su esclava Phelipa. Siendo aún menor de edad, fue instigada por su tutor y Phelipa a casarse con Francisco Martínez Rodero. Ella declaró que el matrimonio se realizó sin su voluntad, desconociendo la trascendencia de tal estado y sin la posibilidad de consultar a persona española alguna en Jora, más allá de los involucrados en su forzada unión.

A la coacción se sumó la corrupción: el Alcalde Mayor, Onofre de Mesa y Cervantes, pariente de Doña Feliciana, la aconsejó casarse con Francisco a cambio de doscientos pesos. Además, Francisco Martínez Rodero prometió la libertad a Phelipa y a su marido, también esclavos de Doña Feliciana, y les ofreció dádivas para que la persuadieran a aceptar un matrimonio que ella no deseaba.

Poco después de la entrega de Doña Feliciana a Francisco por parte del Licenciado de Silva, el Alcalde Mayor le arrebató la tutela al clérigo y se la otorgó a Martínez Rodero. Con esto, Francisco se apoderó de la hacienda de los padres de Doña Feliciana, dedicada a la extracción de plata, incluyendo minas, herramientas, esclavos y esclavas.

Una Vida de Servidumbre y Maltrato
La situación de Doña Feliciana tras el matrimonio fue de total sumisión. En el Real de Jora, solo habitaban Francisco Martínez Rodero, una mujer con la que había estado amancebado por dieciocho a veinte años, y los hijos de ambos. Doña Feliciana, junto con sus propios esclavos, fue relegada a tareas denigrantes: “sebando en el mortero, echando el agua a la presa y quitándola cuando me lo mandaba y remover los polvillos y otros ejercicios no dignos de mi persona”. Además de estos trabajos forzados, denunció “malos tratamientos” continuos.

La Huida y la Búsqueda de Socorro
Incapaz de soportar la situación, Doña Feliciana huyó a pie con todos sus esclavos y esclavas hasta el Pueblo de Ostotipaquillo, un trayecto de más de catorce leguas por “muy malos caminos de barrancos y otros muchos trabajos”. Su objetivo era buscar auxilio. Al llegar en la Pascua de Navidad, encontró al Licenciado Antonio de Silva, el mismo que había facilitado su matrimonio. Sin embargo, su socorro fue nulo, pues lo único que hizo fue llamar a Francisco Martínez Rodero y encerrar a Doña Feliciana con él contra su voluntad.

Desesperada, Doña Feliciana presentó una petición ante el Cura de la jurisdicción, pero este se negó a proveer cosa alguna. Recurrió incluso al Alférez Pedro de Arana, Alcalde Mayor de la jurisdicción, para que intercediera ante el Cura y la pusiera en libertad, con la intención de alegar la nulidad de su matrimonio. Ante la inacción y el temor por su vida, ya que Francisco era un “hombre de mala conciencia” y amenazaba con llevarla a montes despoblados en Sombrerete, suplicó la intervención de la Audiencia de Guadalajara.

El Proceso Legal en Guadalajara
El 14 de abril de 1674, en Guadalajara, se dio traslado de la petición de Doña Feliciana a Francisco Martínez Rodero, con la advertencia bajo pena de excomunión mayor de no dañarla. Se despachó citatorio formal para Francisco, quien se encontraba fuera de la ciudad.

El 20 de junio del mismo año, en Guadalajara, se ordenó que Doña Feliciana fuera traída a la ciudad para presentar formalmente su demanda de nulidad matrimonial contra Francisco Martínez Rodero.

Sin embargo, el 6 de julio de 1674, desde Hostotipaquillo, el Licenciado Antonio de Silva informó que había entregado a Doña Feliciana a su tío, Gerónimo de Mejía Cervantes, para que la llevara a Guadalajara. Sorprendentemente, y según el relato del Licenciado, Doña Feliciana, “de su voluntad sin ser forzada ni para ello persuadida”, declaró que quería vivir con su esposo Francisco Rodero y se apartaba de cualquier demanda.

Esta declaración levantó sospechas. El 1 de agosto de 1674, el Provisor y Vicario General del Obispado de Guadalajara, teniendo noticias de lo contrario a lo expresado por el Cura de Jora, recibió el testimonio de Phelipa, la esclava de Doña Feliciana. Phelipa, quien había llegado a Guadalajara por orden de su ama, suplicó que Doña Feliciana fuera traída a la presencia del Provisor para que, en verdadera libertad, pudiera ejercer su derecho. Reveló que el Cura Beneficiado no solo entregó a Doña Feliciana a las personas ordenadas, sino también a Francisco Martínez Rodero, quien se encontraba en Guadalajara. Además, Phelipa informó que su ama estaba retenida contra su voluntad en la Hacienda de Jesús María, en la feligresía de Tequila, a donde Francisco la había llevado.

Ante estas nuevas revelaciones, la autoridad judicial de Guadalajara ordenó que se notificara a Francisco Martínez Rodero que no saliera de la ciudad y que permaneciera preso hasta que trajera a Doña Feliciana de los Reyes a la ciudad.

El documento, lamentablemente incompleto, nos deja con la incertidumbre del desenlace de esta compleja y dolorosa historia. Sin embargo, nos permite apreciar la tenacidad de Doña Feliciana en su búsqueda de justicia y la intrincada red de relaciones de poder, corrupción y vulnerabilidad que caracterizaba la sociedad novohispana.

Fuente: Sagrada mitra de Guadalajara Antiguo Obispado de la Nueva Galicia : Expedientes de la serie de matrimonios extractos siglos XVII-XVIII/ Maria de la Luz Montejano Hilton, pág. 11 y 12

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