El testamento de doña Josefa González, Hija del capitán Alonso de León y Josefa Gonzales

Un testamento en la vida de la Iglesia Católica es un documento de gran importancia, no solo legalmente, sino también espiritualmente. A través del testamento, el fiel manifiesta su última voluntad y se prepara para el encuentro final con Dios. El Código de Derecho Canónico no contiene normas específicas sobre la forma de los testamentos, remitiéndose al derecho civil. Sin embargo, sí establece que los fieles pueden dejar bienes para fines religiosos y que la Iglesia tiene el derecho a adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales para alcanzar sus fines propios, como el culto divino, las obras de apostolado y la caridad.
En la narrativa, el testamento de Doña Josefa González se enmarca dentro de este contexto. No es solo la división de bienes, sino un acto de fe y piedad. Ella busca la salvación de su alma al encargar misas por su eterno descanso, liberar a sus esclavos y proveer para el sustento de su familia y sus empleados. Su testamento es un eco de su fe, un camino para asegurar el bienestar de los que deja atrás y la redención de su propia alma.
El Legado de Doña Josefa
En el atardecer de su vida, Doña Josefa González, una mujer de profunda fe, se sentó para dictar su testamento. No era solo un documento legal, sino un acto de piedad, un camino para preparar su alma para el encuentro con Dios. Hija del Capitán Alonso de León y Doña Josefa González, ambos ya difuntos, sabía que pronto se reuniría con ellos. Su última voluntad era ser sepultada en la iglesia de San Francisco, en su amada villa de Cadereyta, con una misa de cuerpo presente y un novenario de misas rezadas para el descanso de su alma. Un gesto de profunda devoción, un compromiso con la salvación de su alma a través de la liturgia.
Su mente viajó al pasado. Recordó a su difunto esposo, José de la Garza Falcón, y los hijos que la vida les concedió: Lorenzo, Inés, y el pequeño José. Lorenzo, el mayor, creció y formó su propia familia. Inés, su hija doncella, permaneció a su lado hasta su muerte.
La memoria de Inés era un hilo brillante en la tela de la vida de Doña Josefa. Recordó cuando Inés, en un acto de generosidad cristiana, le dio la licencia para donar a sus nietos Juan Gómez y Francisca algunos de los bienes de su herencia paterna. Más tarde, Inés, en vísperas de su propia muerte, dejó a su nieta Francisca una colección de alhajas de plata para que con ellas se encargara de los gastos de su entierro, un acto de caridad y piedad filial.
Los pensamientos de Doña Josefa se detuvieron en sus bienes, el fruto de una vida de trabajo. Contó un vasto agostadero de 50 sitios de ganado menor en San Isidro, donde los hijos de su hijo Lorenzo tenían un derecho de 500 pesos y su hija, María, tenía 100 pesos. Había otro agostadero de 50 sitios, y cuatro sitios y medio en San Agustín, además de ganado y herramientas.
Con un gesto que mostraba su anhelo de justicia y libertad cristiana, dictó la existencia de su esclava mulata y sus cinco hijos. Pero a continuación, con una mano libre de ataduras mundanas, declaró: “Dejo libre a Josefa, su esclava, y sus cinco hijos”. Un acto de profunda caridad, reflejo de los principios de la Iglesia que promueven la dignidad humana.
Su nieta Francisca, quien la había cuidado, no fue olvidada. A ella le dejó 10 sitios de tierra, el resto de su ganado menor y sus vacas. Doña Josefa también recordó haber pagado 1200 pesos que su hijo Lorenzo dejó debiendo, y afirmó no deber nada al Sargento Mayor Nicolás de Ochoa.
Finalmente, nombró como sus únicos herederos a los hijos de su hijo Lorenzo. Y para asegurarse de que su voluntad fuera cumplida, designó a su nieto Juan Gómez de Zamora y a su sobrino, el Capitán José Leal de León, como sus albaceas. El 19 de noviembre de 1725, en la Hacienda de Santa Inés, con el Alcalde Mayor y varios testigos, el testamento de Doña Josefa González fue sellado. Murió el 22 de febrero de 1726. El valor de sus bienes, que ascendió a 3,215 pesos, fue dividido entre los herederos, pero el verdadero valor del testamento era el legado de fe que Doña Josefa dejó para la posteridad. Su vida no solo se midió en posesiones, sino en su preparación para la vida eterna.

Extracto:

Testamento de Josefa González, hija legítima del Capitán Alonso de León y de doña Josefa González, españoles, difuntos, vecinos que fueron de la Villa de San Juan de Cadereyta, “donde fui nacida y bautizada”.

Pide ser sepultada en la iglesia de San Francisco, de dicha Villa, con misa de cuerpo presente, y un novenario de misas rezadas. Declara haber sido casada y velada con José de la Garza Falcon, difunto. Hijos: Lorenzo, Inés, y José, este murió niño y Lorenzo después casado. declara que Inés, su hija doncella, le dió licencia para donar a Juan Gómez y Francisco, la casa de su morada, 3 caballerías de tierra de labor “que cogen de dicha casa para abajo”. y 5 sitios de ganado menor, anexos; de su herencia paterna.
Declara que doña Inés murió de 58 años y que en vísperas de morir donó a Francisca de la Garza, nieta de la otorgante” un salero, jarro, y salvilla de plata, 6 cucharas, un cucharón 4 sortijas quebradas y unos zarcillos de piedra bezar para que con dichas alhajas se obligara a su entierro”. Declara que le encargo dar a María Leal “unos zarcillos de oro, un relicario de oro y una sortija; dos camisas nuevas de poner, pollera, una chupa, un capotillo, cuatro hilos de aljofares y seis cucharas de plata”.
Declara que Juan Gómez, su nieto, pago el funeral de doña Inés.
Bienes (de doña Josefa):un agostadero de 50 sitios de ganado menor, en San Isidro.
Declara que los hijos de Lorenzo, tienen alli 500 pesos de derecho y 100 pesos María, “mi hija” (?).

Otro agostadero de 50 sitios en el Cerrito del Aire. Cuatro y medio sitios de tierra en San Agustin; 6 vacas con sus crías, 2 yuntas, 2 toritos y alguna herramienta; 340 cabezas de ganado blanco y 320 de pelo; 18 yeguas con su garañon y 3 caballos viejos. Una mulata esclava, con 5 hijos, 4 varones y una mujer; ropa, 2 2 pares de grillos, 2 cajas, una mesa grande, 2 blancas maltratadas, y 4 cuadros maltratados.

Deudas: a don Juan Gómez de Castro,”lo que pareciere por sus libro”. Deja a María Leal, su sobrina, un colchón, 2 almohadas, una sabana, 2 cajas, 1 metate, 100 ovejas, 100 cabras y 20 bestias caballares
Deja libre a Josefa, su esclava y sus cinco hijos.
Deja a Francisca, su nieta, 10 sitios ” desde las juntas de los rios para arriba…que pertenecen a los de San Isidro…por haber recibido el mantenimiento y alimento necesario y vestuario a mi y a mi familia”.

Le deja tambien el resto del ganado menor, sacado el que deja para María Leal, y las vacas con sus crías.

Declara haber pagado 1200 pesos que quedó debiendo al morir, su hijo Lorenzo.
Declara no deber nada al Sargento Mayor Nicolás de Ochoa .

Herederos, los hijos del Cap. Lorenzo de la Garza, su hijo.
Albacea Juan Gomez de Zamora, “mi nieto”, y el Cap. Jose Leal de León, “mi sobrino”. Ante Miguel de Leal de León, Alcalde Mayor, Testigos, Capitán a Antonio Leal, José de León y Lorenzo Leal. De asistencia, José Sánchez y Pedro Gómez de Castro. Hacienda de Santa Inés, Jurisdicción de Villa de Cadereyta, 19 de noviembre de 1725.

(visitado por el Dr. don Nicolá Carlos Gómez de Cervantes, catedrático jubilado de decreto de la Real Universidad de México; obispo de Guadalajara, Monterrey, 7 de febrero de 1728).-sigue la escritura de donación otorgada por doña Inés de la Garza, doncella, vecina de la misma Villa, hecha a favor de Juan Gómez Sánchez de Zamora, esposo de doña Francisca de la Garza,”mi sobrina, a quien desde su edad pupilar he criado como hija, por no haber tomado estado de matrimonio en mi mocedad…”la donación comprende 5 sitios y tres caballerías de tierra, a condición de que no las venda mientras ella y su madre vivan.

Ante el Cap. José Leal de León, Teniente de Alcalde Mayor.
Testigos, José González de Ochoa, Antonio de Silva y Juan de García. De asistencia José Sánchez y Bernabe Leal. Hacienda de Santa Inés, 26 de Junio de 1723. Siguen los inventarios de los bienes de doña Josefa González, quien “pasó de esta presente vida a la eterna el dia veinte y dos de febrero de este año de mil setecientos veinte y seis”. El valor de los bienes ascendió a $3,215 pesos 6 reales y, hechas las rebajas de diversos conceptos, quedaron $1,160, tocando 116 pesos a cada heredero. Sigue un parecer del Lic. José Miranda Villa y Zan, sobre la donación de doña Inés, fechado en Cedros a 14 de abril de 1726. Los inventarios, hechos ante el Cap. Miguel Leal de León, Alcalde Mayor.

Hacienda de Santa Inés, jurisdicción de Cadereyta, Junio de 1726. Las diligencias, hechas ante José Ignacio de Échave, juez delegado y Comisario General de inventarios, y aprobadas por don Juan Manuel Muñoz y Villavicencio, Gobernador y Capitán General.

 

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