El Concilio de Nicea de 325 d.C.: La definición del dogma y la controversia del Credo

El Primer Concilio de Nicea, celebrado en el año 325 d.C. en la actual Turquía, constituye uno de los momentos decisivos en la historia de la civilización occidental. Fue la primera vez que la Iglesia cristiana, recién legalizada en el Imperio Romano, se reunió en una asamblea ecuménica (universal) para definir su identidad teológica y unificar su doctrina bajo la supervisión del poder imperial.

Contexto Histórico: De la Persecución al Poder

Apenas doce años antes del concilio, el cristianismo era una religión perseguida. Con el Edicto de Milán (313), el emperador Constantino I otorgó libertad de culto, pero pronto descubrió que la Iglesia estaba fracturada por disputas internas. Para Constantino, la unidad religiosa era un requisito indispensable para la estabilidad política del Imperio. Ante la amenaza de un cisma que dividiera a la sociedad romana, el Emperador convocó a los obispos de todo el mundo conocido a la ciudad de Nicea.

La Controversia Arriana

El motivo central de la convocatoria fue la crisis provocada por Arrio, un presbítero de Alejandría. La disputa giraba en torno a una pregunta ontológica fundamental: ¿Quién es Jesucristo?

• La postura arriana: Arrio sostenía que el Hijo de Dios no era eterno. Según su tesis, “hubo un tiempo en que el Hijo no existía”. Para Arrio, Jesús era la primera y más perfecta de las criaturas, creada por el Padre, pero de una sustancia diferente e inferior.

• La postura ortodoxa: Liderada por el obispo Alejandro de Alejandría y su diácono Atanasio, esta facción argumentaba que si el Hijo fue creado, no podía ser Dios verdadero y, por tanto, no podía redimir a la humanidad. Sostenían que el Hijo era co-eterno con el Padre.

El Término Homoousios

El concilio, al que asistieron alrededor de 300 obispos, rechazó el arrianismo. Para asegurar que no hubiera ambigüedades, se introdujo en el credo un término griego técnico y filosófico: Homoousios, que se traduce como “consubstantial” o “de la misma naturaleza”.

Esta palabra fue la clave teológica del concilio: afirmaba que el Padre y el Hijo comparten la misma esencia divina, rechazando cualquier idea de jerarquía ontológica o creación en el tiempo.

El Credo Original de 325

Es un error historiográfico común confundir el credo actual (Credo Niceno-Constantinopolitano de 381) con el documento original emanado en 325. El texto original era breve, directo y terminaba con una condena legal.

El símbolo de fe promulgado en Nicea rezaba:

“Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas visibles e invisibles; y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; unigénito nacido del Padre, es decir, de la sustancia del Padre; Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la misma naturaleza (homoousios) que el Padre; por quien todo fue hecho: tanto lo que hay en el cielo como en la tierra; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó y se encarnó, se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos, vendrá a juzgar a vivos y muertos. Y en el Espíritu Santo.”

Inmediatamente después del texto doctrinal, el documento incluía los anatemas (excomuniones):

“Y a los que dicen: ‘Hubo un tiempo en que no existió’ y ‘Antes de ser engendrado no existió’ y ‘Fue hecho de la nada’ o de otra hipóstasis o naturaleza, pretendiendo que el Hijo de Dios es creado y sujeto de cambio y alteración, a éstos los anatematiza la Iglesia católica y apostólica”.

La Ausencia del “Descenso a los Infiernos”

Un punto de frecuente confusión teológica es la frase “descendió a los infiernos”. Esta afirmación no aparece en el Credo de Nicea (ni en el de 325 ni en la revisión de 381).

Dicha cláusula pertenece exclusivamente al Credo de los Apóstoles, una fórmula de fe desarrollada en Occidente (Roma y las Galias) utilizada para los bautismos. La frase descendit ad inferos fue incorporada tardíamente, hacia el año 400 d.C. (casi un siglo después de Nicea), con dos propósitos:

1. Contra el Apolinarismo: Para demostrar que Jesús tenía un alma humana racional que podía separarse de su cuerpo, experimentando la muerte completa.

2. Seriológica: Para afirmar la salvación de los justos del Antiguo Testamento que esperaban en el Sheol (lugar de los muertos).

El Concilio de Nicea, al centrarse en la divinidad del Hijo frente al Padre, no abordó estos detalles narrativos de la muerte de Cristo.

Conclusión

El Concilio de Nicea no logró la paz inmediata; la controversia arriana continuó durante décadas con emperadores posteriores apoyando a uno u otro bando. Sin embargo, Nicea estableció el precedente de que el dogma no es una cuestión de opinión privada, sino de consenso eclesial. Al fijar la doctrina de la consustancialidad, sentó la base intelectual sobre la que se construiría toda la teología cristiana trinitaria de los siglos venideros.

Fuentes Consultadas

1. Kelly, J.N.D. (1972). Early Christian Creeds. 3ra Edición. Longman. (Obra de referencia estándar sobre el desarrollo textual de los credos).

2. Eusebio de Cesarea. Vida de Constantino. (Fuente primaria histórica sobre la convocatoria y desarrollo del concilio).

3. Ayres, Lewis. (2004). Nicaea and its Legacy: An Approach to Fourth-Century Trinitarian Theology. Oxford University Press. (Análisis moderno sobre la teología del siglo IV).

4. Denzinger, H. & Hünermann, P. (2000). El Magisterio de la Iglesia: Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum. Herder. (Recopilación oficial de los documentos y cánones eclesiásticos).

5. Schatz, Klaus. (1996). Papal Primacy: From Its Origins to the Present. Liturgical Press. (Para el contexto de la autoridad eclesiástica y la relación con el Imperio).

6. Rufino de Aquilea. Commentarius in symbolum apostolorum. (Fuente primaria para la inclusión de la cláusula del descenso a los infiernos en el Credo de los Apóstoles, c. 400 d.C.).

 

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