El Capitán Lázaro de la Garza: Un Patriarca del Nuevo Reino de León en el Siglo XVIII
Adentrémonos en la vida del Capitán Lázaro de la Garza, un hombre cuya existencia a principios del siglo XVIII no solo delineaba su historia personal, sino que tejía un fragmento vital del Nuevo Reino de León. En esta provincia septentrional de la Nueva España, la vida se desarrollaba entre las labores agrícolas y ganaderas, los lazos familiares profundos y una fe inquebrantable. El testamento de Lázaro, “natural de este Reino”, es un eco de esa época, un documento que revela las complejidades de una sociedad en construcción.
Orígenes y Linaje: Un Mapa de la Frontera
Lázaro era hijo legítimo del Capitán Blas de la Garza y de Beatriz González, ambos ya difuntos. Sus orígenes, como él mismo declara, eran un crisol de la geografía colonial: su padre, Blas, era “vecino y natural que fue… del Real de Mapimí,” y su madre, Beatriz, “de la villa del Saltillo.”
El Real de Mapimí, ubicado en lo que hoy es Durango, era en el siglo XVIII un importante centro minero, parte de la vasta jurisdicción de la Nueva Vizcaya. Era un lugar rudo y desafiante, donde la promesa de la plata atraía a pobladores, pero también la vida era dura y a menudo peligrosa debido a las incursiones indígenas y las condiciones extremas. Haber nacido o residido allí denotaba una conexión con la vital actividad minera que impulsaba la economía colonial.
Por otro lado, la Villa del Saltillo, ubicada en la actual Coahuila, ya para el siglo XVIII era un asentamiento consolidado. Fundada en 1577, funcionaba como un importante nudo ganadero, agrícola y comercial, un punto de cruce de caminos entre el Nuevo Reino de León, las regiones mineras de Nueva Vizcaya y el altiplano central de México. La vida en Saltillo, aunque menos agreste que en Mapimí, seguía siendo de frontera, con una comunidad de ranchos y haciendas que dependían del agua y el esfuerzo. Los lazos entre Monterrey y Saltillo eran muy fuertes, con familias interconectadas por sangre y comercio.
Fe, Familia y Dotes: La Base de la Sociedad Colonial
Como era costumbre y piedad de la época, Lázaro dispuso ser enterrado en la Parroquial de Monterrey, con el rito del novenario por su alma. Esto, como en otros testamentos, reafirma el estatus social y la devoción del testador, pues el interior de la iglesia estaba reservado para los miembros prominentes de la comunidad.
Sus mandas caritativas y religiosas revelan una conciencia que trascendía lo local: dejó aportes a la Casa Santa de Jerusalén, demostrando una conexión con la cristiandad global, y también para la canonización del venerable Gregorio López, un eremita y místico novohispano cuya fama de santidad se extendió por el virreinato.
Lázaro tuvo dos matrimonios, ambos con mujeres de linaje:
- Doña Petronila de Montemayor: Su primera esposa, hija del Capitán Miguel de Montemayor y Mónica Rodríguez, “difuntos y pobladores que fueron deste reino”. Los Montemayor eran una de las familias fundadoras y más influyentes del Nuevo Reino de León, su apellido sinónimo de arraigo y poder. El testamento revela una triste realidad: Petronila “solo recibió en dote un jarro de plata de 8 o 9 pesos, que se gastaron en su entierro”. Esto es notable, pues la dote era crucial para el estatus de la mujer y su seguridad económica; el hecho de que fuera tan pequeña y se usara para su funeral sugiere quizás una pobreza relativa en su familia de origen o un infortunio posterior. Con Petronila, Lázaro tuvo diez hijos: Miguel, Francisco, Pedro, Santiago, José, Isidro, Ángela, Gertrudis, Mónica e Isabel. Su esposa heredó también “parte en la hacienda de los Nogales”, una propiedad que probablemente ya era parte del patrimonio de los Montemayor.
- Doña Inés de Saldivar Ayala y Sosa: Sus segundas nupcias fueron con otra mujer de notable abolengo, hija legítima del General Don Diego de Ayala y de Doña Margarita de Saldivar y Sosa, también “difuntos y pobladores deste reino”. Los Saldivar y Ayala eran apellidos asociados a la conquista y colonización, especialmente en el norte de la Nueva España. Sin embargo, también se declara que Inés “tampoco recibió dote”, un detalle llamativo considerando el linaje de sus padres. Con Inés, Lázaro tuvo otros ocho hijos: Manuel, Antonio, Marcos, Lucas, Juan Lázaro, Margarita, María y Josefa.
La gran cantidad de hijos en ambos matrimonios era una característica de la época, donde la descendencia aseguraba la continuidad del linaje y la mano de obra para las extensas propiedades.
El Corazón de su Patrimonio: Tierras, Ganado y un Molino
Los bienes de Lázaro reflejaban la base económica de la región:
- Tres sitios de ganado mayor: Un “sitio de ganado mayor” era una vasta extensión de tierra, alrededor de 1,750 hectáreas. Estos sitios eran fundamentales para la cría de ganado, la principal actividad económica del Nuevo Reino de León en el siglo XVIII. De estos, Lázaro ya había cedido “3 caballerías a Miguel”, su hijo, preparando su futuro.
- Su “parte en la Hacienda de San Francisco“: Las haciendas eran las unidades económicas y sociales centrales de la época, grandes latifundios con actividad agrícola y ganadera, a menudo con su propia iglesia, casa grande y viviendas para los trabajadores. Ser partícipe en una de ellas indicaba riqueza y poder.
- “Algún ganado mayor, herramienta“: El ganado era la principal fuente de riqueza móvil, y las herramientas de labranza y ganadería eran esenciales para la producción.
- Un detalle afectuoso: Lázaro lega a su esposa Inés 256 cabras que ella había criado “con su solicitud e inteligencia”. Este pasaje revela el valor del trabajo y la habilidad de las mujeres en la economía familiar.
El testamento también menciona una transacción con José González, marido de su hija Ángela, a quien Lázaro había dado “40 pesos, costo de parte del potrero de Palomas, jurisdicción del Saltillo”. El Potrero de Palomas, cerca de Saltillo, era una zona de pastizales, apta para la cría de ganado, lo que demuestra la continuidad de los lazos familiares y económicos entre las jurisdicciones de Monterrey y Saltillo.
Deudas, Comercio y Símbolos de Prestigio
Las deudas y créditos de Lázaro trazan un mapa de las redes comerciales y sociales de la época:
- Deudas al General Antonio Fernández Vallejo: 100 pesos.
- Al Capitán Andrés González, “de géneros de tienda”: 10 fanegas de maíz y 12 de trigo. Estos fueron entregados a Andrés González (hijo) para llevar a San Gregorio, a 2 pesos la fanega. San Gregorio se refiere probablemente a un real de minas o asentamiento menor en las cercanías, lo que ilustra el comercio local de productos básicos.
- A José de la Garza “mi sobrino”: le dio 2 fanegas de maíz y al hijo de este una vaca, valorada en 4 pesos.
- Lázaro había llevado 926 fanegas de maíz para el rancho de Guadalupe, a 2 pesos. El Rancho de Guadalupe sería una importante propiedad agrícola o ganadera, probablemente también en las cercanías de Monterrey (actualmente es un municipio conurbado), que requería grandes cantidades de grano.
Entre sus bienes personales, se citan 2 platos de plata y un cintillo de oro de sombrero, con 33 eslabones, que en México costó 120 pesos. Estos objetos no eran solo bienes, sino símbolos de estatus y riqueza, especialmente el cintillo de oro que, al ser comprado en la Ciudad de México, la capital virreinal, denotaba acceso a mercados de lujo y un alto poder adquisitivo.
Legados y Últimos Deseos
Un conmovedor detalle revela la piedad heredada: Lázaro cuenta que su padre, en grave enfermedad, prometió y cumplió una misa todos los viernes en el Convento de San Francisco (probablemente el de Monterrey). En sus últimos días, su padre lo llamó “insinuándole continuarlas”, y él, “como hijo obediente”, lo hizo. Sin embargo, en un gesto de pragmatismo y respeto por la libertad de sus hijos, Lázaro declara que “no les deja a sus hijos el compromiso y que en esto dispongan lo que les pareciere”, liberándolos de la obligación impuesta por su padre y asumida por él, dejando la decisión en sus manos.
A su esposa, Inés, le lega el “menaje de casa” (muebles y enseres) y le pide que “viva en ella hasta que muera”, asegurando su morada y sustento vitalicio.
Los albaceas, encargados de cumplir su última voluntad, fueron su esposa Inés y su hijo Miguel, una muestra de confianza familiar. El testamento se formalizó ante Diego de Miranda Llanos, Escribano Real, la autoridad notarial de la época. Los testigos, el Licenciado José Guajardo (cura beneficiado y vicario), Marcos Flores, Antonio Rodríguez, Jacinto de la Garza y José de Abrego, eran figuras prominentes y respetadas en la sociedad de Monterrey, sus presencias validando la legitimidad del acto.
El testamento del Capitán Lázaro de la Garza es un documento extraordinario. Nos ofrece una visión detallada de las dinámicas familiares, económicas, sociales y religiosas del Nuevo Reino de León a principios del siglo XVIII. Revela la vida de un patriarca de frontera, sus orígenes diversos, sus extensas propiedades, su red de contactos, su profunda fe y las complejas relaciones que sostenían la vida en este rincón del imperio español.
Fondo: Ciudad Metropolitana de Monterrey (segunda epoca)/Seccion de Fondo: Testamentos y Herencias/Serie: Testamentos/Titulo: Testamento del Capitan Lazaro de la Garza./Lengua: ESPAÑOL/Lugar: MONTERREY/Fecha: 04/Feb/1694/Fojas: 4/Coleccion: PROTOCOLOS/Volumen: 5/Expediente: 1/Folio: 112 NO. 62/Notas: NO TIENE CANTIDAD DE FOJAS.
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