El Capitán de la Infamia y el Fundador Respetado: La Doble Vida de Alberto del Canto
La historia de la frontera noreste de la Nueva España está forjada en el acero de las espadas y en la ambigüedad de sus protagonistas. Pocos hombres encarnan esta dualidad de manera tan cruda como el Capitán Alberto del Canto, un hombre cuyo legado oscila entre la brutalidad de un traficante de esclavos y el prestigio de un pilar de la sociedad colonial. Su vida, documentada en fragmentos de archivos, revela una asombrosa transformación de criminal perseguido a patriarca venerado.
La primera pincelada de su biografía es un retrato de violencia y anarquía. En una Real Cédula emitida en 1580, la Corona Española ordenaba al gobernador de Nueva Vizcaya la captura inmediata del Capitán del Canto. Los cargos eran graves: haber incursionado en tierras de Nueva Galicia, habitadas por pueblos indígenas ya pacificados, para capturarlos, esclavizarlos y venderlos. El documento del Archivo General de las Indias no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de sus “otros delitos”. Aunque había sido arrestado por la Audiencia de Guadalajara, del Canto logró quedar en libertad y, en un acto de asombroso desafío, el gobernador de Nueva Vizcaya no solo lo protegió, sino que lo envió de vuelta a la escena de sus crímenes. La orden del rey era tajante: que el capitán fuera remitido a la Audiencia “para que hagan justicia en este caso”.
Sin embargo, la justicia del rey a menudo se diluía en la vasta y polvorienta frontera. Años después, Alberto del Canto, el portugués originario de la “Ysla Tercera” según registros de la Inquisición de 1589 y 1593, reaparece no como un fugitivo, sino como un vecino establecido en la Villa de Santiago del Saltillo. Su reinvención fue posible gracias a una alianza estratégica: su matrimonio con Estefanía de Montemayor, hija del influyente conquistador Diego de Montemayor. Esta unión no solo le otorgó un escudo familiar, sino que lo integró en el círculo de poder que dominaba la región.
El hombre que una vez fue perseguido por esclavista, ahora ascendía en la escala social con una velocidad notable. Los libros del Archivo Histórico Municipal de Saltillo dan fe de su completa rehabilitación. Para el 1 de enero de 1609, el cabildo lo elige como alcalde ordinario. El acta registra el momento en que Alberto del Canto, el mismo hombre condenado por la Corona, “juró por Dios nuestro señor y la señal de la cruz, hacer buen uso de la vara de la real justicia que se le entrega”. Su prestigio era tal que fue reelegido para el mismo cargo en enero de 1611.
Paralelamente a su poder político, consolidó su fortuna. Dejó atrás el tráfico de personas para convertirse en un próspero hacendado. Un registro del 16 de octubre de 1613 lo muestra presentando ante las autoridades de Saltillo “un hierro para marcar sus yeguas, caballos y mulas”, el símbolo inequívoco del terrateniente exitoso, cuya riqueza ahora se contaba en ganado y tierras, no en cautivos.
La vida de Alberto del Canto llegó a su fin poco después. Para el 13 de febrero de 1614, su albacea, Juan Rodríguez, registraba el hierro de herrar para el ganado mayor “de la estancia de labor que fue del citado capitán”, indicando su reciente fallecimiento.
Pero la historia de su linaje apenas comenzaba. Las violentas acciones que marcaron sus primeros años parecieron ser borradas por el tiempo y el poder de su familia. Décadas más tarde, el 27 de abril de 1645, su hija, Doña Elvira de Montemayor, se presentó ante el gobernador Martín de Zavala. En un acto que demostraba la consolidación del legado familiar, reclamó las tierras y las “dos rancherías de indios” que le correspondían como herencia de su abuelo, el gobernador Diego de Montemayor. En ese documento, Elvira se identificaba orgullosamente como “hija legítima del capitán Alberto del Canto y de doña Estefanía de Montemayor”, mencionando a sus hermanos, el Capitán Miguel y el Caudillo Don Diego.
La narrativa de Alberto del Canto es, en esencia, la crónica de la propia frontera: un lugar de violencia extrema donde la brutalidad podía ser el cimiento de una dinastía respetada. El hombre condenado por la Real Cédula de 1580 se transformó, a través de alianzas y ambición, en el patriarca cuya descendencia reclamaría su lugar entre la élite de un nuevo reino, un reino construido sobre la memoria olvidada de sus crímenes.
Fuentes
- Archivo General de las Indias, ES.41091.AGI/23.7.7.15//GUADALAJARA,230,L.2,F.54R-54V, 1580. “Real Cédula al gobernador de la provincia de Nueva Vizcaya, ordenándole que se remita a la Audiencia al capitán Alberto del Canto con el proceso que haya contra él…”
- Archivo Histórico Municipal de Saltillo, Coahuila, México, Fondo: Actas de Cabildo, Tema: Cargos Públicos, AMS, AC, L 1, t l, a 27, f 25, 1 Ene 1611. “El cabildo, justicia y regimiento de Villa de Santiago del Saltillo, elige para alcalde ordinario al capitán Alberto del Canto…”
- Archivo Histórico Municipal de Saltillo, Coahuila, México, Fondo: Actas de Cabildo, Tema: Asuntos electorales, cargos públicos, AMS, AC, L 1, t l, a 9, 1 Ene 1609. “El capitán Alberto del Canto acepta el cargo de alcalde ordinario de esta villa…”
- Archivo Histórico Municipal de Saltillo, Coahuila, México, Fondo: Actas de Cabildo, Tema: Fierros de herrar, AMS, AC, L1, t ll, a 142, f 204, 16 Oct 1613. “Alberto del Canto, presenta ante las autoridades, para su registro, un hierro para marcar sus yeguas, caballos y mulas…”
- Archivo Histórico Municipal de Saltillo, Coahuila, México, Fondo: Actas de Cabildo, Tema: Fierros de herrar, AMS, AC, L 1, t l, a 49, f 44., 13 Feb 1614. “Juan Rodríguez, albacea y tenedor de los bienes que quedaron por fin y muerte de Alberto del Canto, presenta -para su registro- el hierro con el que marca el ganado mayor…”
- Archivo Histórico Municipal de Monterrey, Nuevo León, México, Fondo: Actas de Cabildo, Tema: Cargos Públicos, AMS, AC, L 1, t l, a 27, f 25, 1 Ene 1611. “Testimonio trunco de los autos de partición de bienes entre los herederos de Miguel de Montemayor y Mónica Rodríguez…”
- Archivo Histórico Municipal de Saltillo, Coahuila, México, Colección Civil, Serie: Posesiones, Vol. 6, Exp. 3, Folio 0, 27 Abr 1645. “Presentación de doña Elvira de Montemayor, hija legítima del capitán Alberto del Canto y de doña Estefanía de Montemayor, reclamando derechos de su madre…”
- Archivo General de la Nación, Ramo Inquisición, vol. 233, p. 99, 24 Ago 1589. “Queja elevada por Juan Morlete, familiar del Santo Oficio… Alberto del Canto, es natural de la Ysla Tercera, del Reyno de Portugual, casado con Estevanía, hija de Diego de Montemayor…”
- Archivo General de la Nación, Ramo Inquisición, vol. 233, p. 437, 15 Nov 1593. “Queja de fray Pablo de Góngora. Alberto del Canto, vecino del pueblo de Saltillo, casado con doña Estevanía, hija de Diego de Montemayor…”
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