“Señor, no es por vicio ni por fornicio, es para darte un hijo a tu servicio”

La Plegaria Silenciosa: El Origen y Significado de “Señor, no es por vicio ni por fornicio, es para darte un hijo a tu servicio”

 

La frase “Señor, no es por vicio ni por fornicio, es para darte un hijo a tu servicio” encapsula una profunda concepción histórica y religiosa sobre la sexualidad y el matrimonio en el mundo hispanohablante, particularmente arraigada en la influencia de la Iglesia Católica durante la época virreinal en América Latina. Lejos de ser un mero dicho popular, esta expresión funcionaba como una especie de oración o justificación íntima ante Dios en el momento del acto conyugal, despojándolo de cualquier connotación de placer carnal para revestirlo de un propósito sagrado: la procreación.

El origen de esta frase se encuentra en la moral católica post-tridentina, que permeó todos los aspectos de la vida en las colonias españolas. La doctrina de la Iglesia establecía que la única finalidad del sexo dentro del matrimonio era la concepción de hijos para ser criados en la fe. Cualquier otro motivo, incluido el placer, era considerado pecaminoso, cayendo en las categorías de “vicio” o “fornicación”, incluso entre esposos.

Esta mentalidad, fuertemente influenciada por los escritos de teólogos como San Agustín, buscaba regular y santificar la vida íntima de los fieles. La frase, por lo tanto, se convertía en un mecanismo para alinear el acto sexual con la voluntad divina, asegurando a los cónyuges que su unión no era producto de la lujuria, sino un deber religioso y un servicio a Dios.

La expresión ha sido documentada en diversos análisis académicos sobre la historia de la sexualidad y la vida cotidiana en la Nueva España. Asimismo, ha encontrado un lugar en la literatura, siendo un ejemplo notable su inclusión en la aclamada novela de la escritora mexicana Laura Esquivel, “Como agua para chocolate”. En la obra, la frase es utilizada para ilustrar la represión sexual y la carga religiosa que pesaba sobre los personajes, especialmente las mujeres, en el México de principios del siglo XX, heredero de estas tradiciones coloniales.

En esencia, “Señor, no es por vicio ni por fornicio, es para darte un hijo a tu servicio” es un eco de una época en la que el cuerpo y sus placeres eran vistos con sospecha, y la fe dictaba que incluso los actos más íntimos debían estar orientados a un fin trascendental, en este caso, la perpetuación de la comunidad de creyentes. Aunque hoy en día pueda parecer una visión anacrónica, la frase sigue siendo un poderoso recordatorio de la profunda influencia que la religión ha tenido en la configuración de la cultura y la moralidad en el mundo hispano.

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