Un Ruego por Amor en Tierra de Guerra: La Dispensa de Joseph Eugenio y Maria Justa

En el remoto y aislado Valle de las Salinas, el día 4 de enero de 1748, un joven de origen español llamado Joseph Eugenio Rodriguez de Quiroga se presentó formalmente ante la máxima autoridad eclesiástica de la región, el Br. Don Miguel Cantu del Rio y la Zerda. En su calidad de cura, vicario y juez de los Valles de Salinas y Carrizal, el padre Cantu era el primer paso en un proceso que definiría el futuro del joven.

Con el debido respeto, Joseph Eugenio presentó su petición. Su deseo, según declaró, era simple y piadoso: servir mejor a Dios contrayendo matrimonio según el mandato de la Santa Madre Iglesia. La mujer con quien deseaba casarse era Doña Maria Justa de la Garza, una doncella española, hija de Don Francisco de la Garza y Doña Maria Josepha Cantu, familias bien conocidas y vecinas del mismo valle.

Sin embargo, un obstáculo de sangre se interponía en su camino. Joseph Eugenio, hijo de Don Joseph Rodriguez Quiroga y de la difunta Doña Francisca de Treviño, explicó con detalle la compleja red familiar que lo unía a su prometida. Ambos descendían de un mismo tronco: los hermanos Doña Juliana y Don Gonzalo de Treviño. De la línea de Doña Juliana, a través de su hijo Don Fernando Cantu, provenía la madre de la novia, Doña Maria Josepha. De la línea de Don Gonzalo, provenía directamente su propia madre, Doña Francisca. Este linaje los situaba en un parentesco de tercer con cuarto grado de consanguinidad, un lazo prohibido por la Iglesia.

Para conseguir el permiso apostólico, Joseph Eugenio expuso las poderosas razones que movían su solicitud. Argumentó que “esta tierra es muy remota”, un lugar donde casi todas las familias estaban emparentadas por descender de los mismos fundadores. La llegada de gente nueva era prácticamente nula, no solo por el aislamiento, sino porque la región se encontraba en un estado de “guerra viva”, lo que impedía la entrada de “familias independientes”. Sin la dispensa, encontrar una pareja adecuada fuera de los lazos familiares era una tarea casi imposible.

Con su petición formalizada, Joseph Eugenio suplicó al padre Cantu que recibiera la información de libertad de estado de ambos y que, una vez completado el expediente, lo enviara a Su Señoría Ilustrísima, el Obispo de Guadalajara. Confiaba en que el cura certificaría las difíciles condiciones de la región para que el obispo, conmovido por la situación, les concediera el anhelado beneficio de la dispensa y así pudieran finalmente celebrar su matrimonio. Con un juramento solemne, Joseph Eugenio Rodriguez firmó su ruego, dejando su destino y el de su amada en manos de la jerarquía eclesiástica.

 

Fuente: Diocesis de Guadalajara, Jalisco, Mexico, Matrimonios 1748-1750, MF 168006 Exp. 25 Imagen 429-434, 4 Ene 1748.

Compartir: