Una Merced en el Nuevo Reino de León: Tierras y Vidas en el Siglo XVII
En el corazón del vasto y aún indómito Nuevo Reino de León, allá por el siglo XVII, se forjaban los cimientos de lo que hoy conocemos como Nuevo León. En este contexto de exploración y asentamiento, las mercedes de tierra eran el pulso que marcaba el avance de la colonización. Una de estas mercedes, otorgada al capitán Alonso de Treviño, nos permite asomarnos a la intrincada relación entre la geografía, la ambición y la vida de los pueblos originarios.
La merced concedida al capitán Treviño comprendía cuatro caballerías de tierra. Para entender la ubicación precisa de esta concesión, los documentos de la época eran meticulosos en sus referencias a elementos geográficos y a las propiedades de los vecinos. Se especificaba que las tierras se encontraban “de la otra parte de Juan Pérez de Lerma, por la banda del norte, y hacia debajo de la dicha estancia”. Esta descripción, aunque hoy pueda parecer un tanto vaga, en aquel entonces permitía a los conocedores del terreno delimitar con relativa precisión el dominio. Implicaba que, partiendo de la propiedad de Juan Pérez de Lerma, al norte de la misma, se extendían las tierras de Treviño, probablemente siguiendo la topografía descendente del terreno.
Pero la riqueza de esta merced no residía únicamente en la extensión de la tierra. Era el acceso al agua lo que verdaderamente garantizaba la prosperidad en esta árida región. La concesión incluía la crucial saca de agua del río de Santa Catalina y de los ojos de Santa Lucía. El río Santa Catarina, vital arteria fluvial que cruza lo que hoy es el área metropolitana de Monterrey, era y sigue siendo una fuente de vida. Sus aguas, al igual que las de los Ojos de Santa Lucía (manantiales naturales que brotaban en la zona, dando origen a lo que hoy es la Macroplaza y el centro de Monterrey), eran indispensables para la agricultura y la subsistencia. La posibilidad de desviar estas aguas para irrigar sus campos convertía las caballerías del capitán Treviño en un vergel potencial en medio de la sequedad.
Más allá de la tierra y el agua, la merced profundizaba en un aspecto delicado y complejo de la colonización: la mano de obra. Al capitán Alonso de Treviño se le concedían también dos rancherías de indios: Gualama y Gualeguia, además de “otro cacique de la parcialidad de los Capaes”. Esta práctica, común en la época, implicaba la asignación de grupos indígenas a los encomenderos para su “evangelización” y trabajo, en un sistema que, en la práctica, distaba mucho de ser benevolente y a menudo se traducía en explotación. Las rancherías Gualama y Gualeguia, así como la parcialidad de los Capaes, representaban grupos indígenas seminómadas que habitaban la región, y su inclusión en la merced es un crudo recordatorio de cómo la vida y el destino de los pueblos originarios estaban intrínsecamente ligados a las decisiones de la corona española y sus representantes locales.
La ambición del capitán Treviño no se detenía ahí. La merced también le otorgaba un sitio de ganado mayor y tres de menor, ubicados “arriba de dicha estancia”. Esta ubicación estratégica, probablemente en tierras más elevadas y aptas para el pastoreo, revela su intención de establecer una empresa ganadera robusta. Sus propias palabras, “para mis yeguas y vacadas y ganado menor, que estoy presto de las poblar”, demuestran su determinación y su visión de futuro, dispuesto a invertir y trabajar para hacer productivas estas nuevas posesiones.
Todo este acto de concesión se llevó a cabo ante el Capitán Diego Rodríguez, justicia mayor y teniente de capitán general, una figura de autoridad clave en el gobierno del Nuevo Reino de León, y Rodrigo Flores, el secretario, quien certificaba la validez legal del documento. La presencia de estas autoridades subraya la formalidad y la importancia de estas mercedes en la construcción del orden colonial.
Esta merced al capitán Alonso de Treviño no es solo un fragmento de papel antiguo; es una ventana a la vida en el Nuevo Reino de León en el siglo XVII. Nos permite visualizar la topografía de un territorio en formación, la importancia vital de sus ríos y manantiales, y la compleja interacción entre los colonizadores y los pueblos originarios. Es un recordatorio de cómo la geografía no solo moldeó el paisaje físico, sino también las ambiciones, las decisiones y el destino de quienes lo habitaron.
Fuente: Fondo: Ciudad Metropolitana, capital del Nuevo Reyno de Leon/Seccion de Fondo: Tierras/Serie: Mercedes/Titulo: Merced de tierras/Lengua: ESPAÑOL/Lugar: MONTERREY,/Fecha: 14/Oct/1614/Fojas: 0/Coleccion: PROTOCOLOS/Volumen: 0/Expediente: 1/Folio: 276 V NO. 104
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