Los Dos Alféreces y el Santo Cristo: La Historia de Doña Nicolasa de la Garza y de la Rocha

En las agrestes y prometedoras tierras del Nuevo Reino de León, a mediados del siglo XVII, nació Doña Nicolasa de la Garza y de la Rocha (circa 1648). Por sus venas corría la sangre de los pioneros y defensores de aquellas vastas fronteras; era hija del Capitán Pedro de la Garza y de Doña María de la Rocha. A su vez, Nicolasa era portadora del legado de sus abuelos paternos, el Capitán Pedro de la Garza Falcón y Doña Inés Rodríguez, nombres que resonaban con fuerza en los cimientos de la región.

La vida de Nicolasa estaría marcada por la resiliencia, la abundante descendencia y una curiosa coincidencia histórica que, siglos después, daría más de un dolor de cabeza a los genealogistas: sus dos matrimonios con hombres que compartían rango y nombre.

El Primer Matrimonio y la Herencia del Hierro

Siendo aún joven, en algún momento antes de 1668, Doña Nicolasa contrajo sus primeras nupcias con el Alférez Joseph (José) Martínez Guajardo. De esta unión germinó la primera rama de su extensa familia. Juntos tuvieron cuatro hijos: María Antonia, Rosa, Jerónimo  y el primogénito, quien seguiría los pasos militares de su padre: el Alférez José (Alfredo) Martínez Guajardo y de la Garza, nacido en 1668. Este último aseguraría la continuidad del linaje al casarse años más tarde, el 20 de septiembre de 1693, con Margarita Gertrudis Gutiérrez Flores en la ciudad de Monterrey.

Sin embargo, la vida en el Nuevo Reino de León era dura y la tragedia llamó a la puerta de Nicolasa cuando el Alférez Joseph Martínez Guajardo falleció. A pesar de su rango, el militar no dejó grandes riquezas terrenales a su viuda y huérfanos. Según consta en los registros de su testamento, sus únicos bienes de valor se reducían a dos objetos profundamente simbólicos para la época: un Santo Cristo, valuado en veinticinco pesos, y un hierro de herrar, la herramienta esencial para marcar el ganado en aquellas tierras ganaderas.

El Segundo Alférez Llamado Joseph

Viuda, pero con la fortaleza que caracterizaba a las mujeres de la frontera, Nicolasa rehizo su vida. El 4 de marzo de 1680, bajo las bóvedas del Sagrario Metropolitano de Monterrey, contrajo segundas nupcias. El destino quiso que su nuevo esposo también ostentara el rango de Alférez y llevara el mismo nombre de pila que el difunto: Joseph de la Garza (hijo de Juan de la Garza y María Margarita de Montemayor).

Esta coincidencia de nombres —los dos esposos llamados Joseph (o José)— haría que las ramas de la familia se entrelazaran estrechamente en los antiguos registros parroquiales, fundiendo a los descendientes de ambos matrimonios en la historia de la región.

Con su segundo esposo, Nicolasa vio nacer a una nueva generación. El 28 de diciembre de 1680 llegó al mundo Carlos José de la Garza y de la Garza (quien viviría hasta 1753). A él le siguieron tres hermanos más: Juan José Antonio, María Josefa y Gertrudis. La familia creció, consolidando a Doña Nicolasa como una matriarca fundamental en la genealogía norestense.

El Final de una Matriarca

Doña Nicolasa de la Garza y de la Rocha vivió para ver el cambio de siglo, rodeada de una inmensa familia compuesta por los hijos de sus dos “Josephs”. Falleció alrededor del año 1713, dejando tras de sí un legado de múltiples ramas familiares que poblarían el norte de México.

Poco después de su partida, la vida siguió su curso implacable. Su viudo, el Alférez Joseph de la Garza, no permaneció solo por mucho tiempo. A sus 64 años de edad, y apenas despuntando la primavera tras la muerte de Nicolasa, contrajo un segundo matrimonio el 6 de marzo de 1714 con Micaela Sánchez de la Barrera.

Hoy en día, la historia de Doña Nicolasa sobrevive en los archivos, recordada como el tronco de un inmenso árbol genealógico, en cuya base descansan la memoria de dos soldados llamados Joseph, una herencia de veinticinco pesos en forma de Cristo, y el indomable espíritu del Nuevo Reino de León.

1. Archivo Histórico de Monterrey (AHM)

  • Colección Civil / Protocolos Notariales: La cita textual sobre el inventario de bienes a la muerte del primer esposo (“un santo Cristo que se apreció en veinte y cinco pesos y un hierro de herrar”) corresponde a un testamento, juicio de intestado o diligencia de bienes de difuntos. Estos expedientes se resguardan en las colecciones civiles y protocolos notariales de finales del siglo XVII.

2. Archivo Parroquial del Sagrario Metropolitano de Monterrey

  • Libros de Matrimonios: En este acervo eclesiástico (cuyos registros históricos a menudo se concentran también en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey) se asientan las actas mencionadas:

    • El segundo enlace de Doña Nicolasa con el Alférez Joseph de la Garza (4 de marzo de 1680).

    • Las nupcias de su hijo, el Alférez José Martínez Guajardo, con Margarita Gertrudis Gutiérrez Flores (20 de septiembre de 1693).

    • El segundo matrimonio del viudo Joseph de la Garza con Micaela Sánchez de la Barrera (6 de marzo de 1714).

  • Libros de Bautismos y Defunciones: De aquí se extraen las fechas exactas de nacimiento (como la de Carlos José el 28 de diciembre de 1680) y se infieren las fechas de fallecimiento al cruzar la ausencia de la persona en registros posteriores y la apertura de testamentos o nuevas nupcias de los viudos.

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