La huella oculta: Los sefardíes en Nuevo León y Jalisco

La historia de los sefardíes en México es una narrativa de resistencia, fe y supervivencia que se esconde bajo las capas de la historia oficial. Aunque la Inquisición trató de erradicar cualquier vestigio de judaísmo, la herencia de los judíos expulsados de España en 1492 floreció en secreto, dejando una marca indeleble en dos estados clave del país: Nuevo León y Jalisco.

 

La llegada de los criptojudíos: Un éxodo a la Nueva España

 

La expulsión de los judíos sefardíes de la Península Ibérica en 1492 fue un evento que cambió el curso de la historia. Muchos se convirtieron al catolicismo para evitar el exilio, pero continuaron practicando su fe en secreto, siendo conocidos como criptojudíos o conversos. La persecución de la Inquisición, que se estableció en la Nueva España, obligó a estas familias a buscar refugio en territorios aislados.

  • Nuevo León: La fundación sefardí de un reino: El caso más documentado es el del Nuevo Reino de León. Su fundador, Luis de Carvajal y de la Cueva, fue un portugués de origen converso que, en 1579, recibió la autorización del rey para poblar el vasto territorio. Él trajo consigo a numerosas familias, muchas de ellas también criptojudías. Estas familias buscaban en el norte árido y remoto un lugar donde pudieran vivir alejados de la estricta vigilancia inquisitorial del centro del virreinato. Aunque Carvajal fue finalmente procesado y su familia castigada por el Santo Oficio, sus pobladores se quedaron, estableciendo las bases de lo que hoy es Nuevo León y cimentando una herencia que perduraría por siglos.
  • Jalisco: Los Altos, un refugio remoto: En Jalisco, la presencia sefardí es menos evidente en los registros históricos, pero igualmente significativa. Muchos criptojudíos llegaron a la región de Los Altos de Jalisco a través de la Ruta de la Plata, un camino vital que conectaba los centros mineros del norte con la Ciudad de México. Esta zona, con su geografía accidentada y su carácter remoto, ofrecía un refugio natural para quienes huían de la persecución. Se cree que los fundadores de varios municipios de Los Altos tenían orígenes sefardíes, lo que explicaría la pervivencia de ciertas costumbres inusuales en la región.

 

La Inquisición y la lucha por la identidad

 

El Santo Oficio de la Inquisición fue la fuerza opresora que definió la existencia de los criptojudíos en México. Su objetivo era erradicar cualquier práctica religiosa que no fuera la católica romana.

  • Procesos, autos de fe y el silencio forzado: En la Nueva España, la Inquisición persiguió a los conversos de manera implacable. Se establecieron tribunales y se llevaron a cabo juicios que a menudo terminaban en torturas y castigos severos. El caso más notorio fue el de la familia de Luis de Carvajal, donde su hermana, Isabel de Carvajal, y sus hijos fueron acusados de practicar el judaísmo. Isabel fue quemada en la hoguera. Estos actos públicos de fe servían como advertencia y obligaban a los criptojudíos a extremar las precauciones, enterrando su fe bajo un manto de secretismo y asimilación forzada.
  • Estrategias de supervivencia: Para sobrevivir, estas familias desarrollaron una compleja red de prácticas para ocultar su fe. Asistían a misa y bautizaban a sus hijos para no levantar sospechas, pero en la intimidad de sus hogares, observaban rituales judíos. Encendían velas en el shabat (aunque fuera un día de semana para evitar ser descubiertos), ayunaban en el Yom Kipur y evitaban comer cerdo y mariscos, aunque a menudo daban explicaciones católicas para estas costumbres. Esta doble vida fue fundamental para que su herencia sobreviviera.

 

Los apellidos y la sangre: El rastreo de un linaje

 

Una de las formas más contundentes de evidenciar esta herencia es a través del estudio de la genealogía y los apellidos.

  • Apellidos de origen sefardí en la región: Muchos de los apellidos más comunes en Nuevo León y Los Altos de Jalisco tienen posibles orígenes sefardíes. En Nuevo León, apellidos como Garza, Montemayor, Treviño, De la Garza, Sánchez, Chapa y Zambrano son a menudo asociados con las familias que llegaron con Luis de Carvajal. En Los Altos, apellidos como Macías, Romo, Padilla y Ornelas han sido identificados por genealogistas como posibles descendientes de conversos.
  • Estudios genéticos: En las últimas décadas, la ciencia ha reforzado estas conexiones históricas. Los estudios de ADN han revelado que una parte significativa de la población del noreste de México y de Los Altos de Jalisco comparte linajes genéticos con las comunidades judías sefardíes del Mediterráneo. Las pruebas genéticas han servido como una validación moderna de las historias orales y los registros genealógicos que por mucho tiempo fueron vistos como meras anécdotas.

 

El legado cultural: Tradiciones que perduran

 

La influencia sefardí no se limita a la genealogía. Se ha mantenido viva en costumbres, tradiciones y aspectos de la vida diaria que, aunque a menudo han perdido su significado original, siguen presentes.

  • Gastronomía: La cocina regional guarda claros indicios. El cabrito, plato icónico de Nuevo León, puede ser un vestigio de la tradición judía de consumir cordero pascual. De manera similar, la predilección por el aceite de oliva, la forma de cortar la carne y, en algunas familias, la costumbre de no mezclar lácteos con carne, son prácticas que tienen eco en la cashrut, las leyes dietéticas judías.
  • Tradiciones orales y rituales: En algunas familias, especialmente en Los Altos de Jalisco, se han documentado tradiciones que, sin saberlo, mantienen un rito judío. Por ejemplo, la costumbre de separar a hombres y mujeres en los templos, o la forma de enterrar a los muertos con un sudario de lino. Estas prácticas, aunque hoy se ven como vestigios de un catolicismo tradicional, son en realidad ecos de una fe que sus ancestros se vieron forzados a abandonar.

 

La comunidad judía moderna y el legado sefardí

 

Con el paso de los siglos, la mayoría de los criptojudíos se asimilaron completamente al catolicismo. Sin embargo, la historia judía de la región continuó con la llegada de nuevas comunidades.

  • Otras olas migratorias: A finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, llegaron a México, y a ciudades como Monterrey, nuevas olas de inmigrantes judíos, tanto sefardíes provenientes del Imperio Otomano y del norte de África, como ashkenazíes de Europa del Este. Estas comunidades fundaron sinagogas, escuelas y centros culturales que coexisten hoy con la historia oculta de los primeros pobladores.
  • La reconciliación con el pasado: Hoy en día, hay un creciente interés en estas raíces. Muchos nuevoleoneses y alteños de Jalisco están orgullosos de esta parte de su identidad, y la investigación académica y genealógica ha ayudado a entender mejor cómo las historias de los sefardíes y la de México están entrelazadas de una forma profunda y a veces inesperada.

La historia de los sefardíes en Nuevo León y Jalisco es un testimonio de la perseverancia de una fe y una cultura que, a pesar de la persecución, logró sobrevivir y dejar una marca indeleble. Es una parte fundamental de la identidad de la región y un recordatorio de que las raíces de una nación pueden ser mucho más complejas y diversas de lo que aparentan

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