CRÓNICA HISTÓRICO-GENEALÓGICA DEL LINAJE DE LA MOTA-PADILLA
Sucesión, Mayorazgo, Alianzas Sefarditas y Martirologio en la
Nueva Galicia y la Meseta Alteña
El estudio de la familia de la Mota-Padilla, originada a partir de los albores de la conquista y pacificación del reino de la
Nueva Galicia, constituye uno de los capítulos más fascinantes y metodológicamente ricos de la ciencia genealógica e
histórica del occidente mexicano. Como bien lo asienta la monumental investigación de don Mariano González-Leal en
su obra fundamental, Retoños de España en la Nueva Galicia, este linaje representa una ramificación directa de la
ilustre Casa jerezana de Padilla-Dávila. Es, asimismo, la única línea que logró preservar su agnación por estricta
varonía hasta la época contemporánea, dado que las ramas colaterales extinguieron su representación agnática en el
transcurso del siglo XVII.
La presente narrativa histórica tiene por objeto desglosar de manera sistemática, profunda y rigurosa la trayectoria de
este linaje. Se examinarán sus orígenes bélicos en el siglo XVI, el establecimiento jurídico de su Mayorazgo en la
ciudad de Guadalajara, el impacto sociocultural de sus alianzas matrimoniales con familias de origen sefardí, su
posterior dispersión en las labores, rancherías y villas de la Meseta de Los Altos de Jalisco, y su destacada
participación en los movimientos de defensa de la libertad de conciencia durante el siglo XX.
I. LA GÉNESIS EPOCRÁTICA: EL CAPITÁN FRANCISCO DE LA
MOTA Y LAS ARMAS DEL MIXTÓN
La formación del apellido compuesto de la Mota-Padilla hunde sus raíces en una de las conflagraciones militares más
cruentas del período virreinal temprano: la rebelión de los caxcanes en el Peñón del Mixtón (1541-1542). El patriarca
primitivo de esta vertiente fue el Conquistador Francisco de la Mota, oriundo inicialmente de la Ciudad de México,
quien invirtió una considerable fortuna superior a los cuatro mil pesos de plata para marchar hacia el occidente y
avecindarse en la indómita Nueva Galicia. Su trágico y heroico deceso en el combate del Mixtón quedó asentado de
manera fehaciente en la relación de méritos y servicios que su hijo homónimo presentó ante las autoridades
virreinales, recopilada en el siglo XX por el erudito Francisco A. de Icaza en su célebre Cedulario Autobiográfico.
A la muerte del benemérito conquistador, su viuda, doña Catalina de Mena, y sus tres hijos legítimos quedaron en una
situación de extrema estrechez económica, usufructuando apenas el pueblo en encomienda de Copala, el cual
escasamente contaba con cincuenta tributarios. Ante esta precariedad, el segundo de los hijos, Gaspar de la Mota,
emprendió un viaje a la Península Ibérica en el año de 1562 con el propósito firme de solicitar las mercedes reales a
las que los sacrificios de su progenitor le daban legítimo derecho. Apoyado por su tutor, el prominente conquistador del
sur neogallego Juan Michel, Gaspar compareció ante el Consejo de Indias exponiendo su orfandad y pobreza.
El monarca Felipe II acogió con benevolencia las peticiones del joven criollo. No solo decretó que tanto Juan Michel
como Gaspar de la Mota fuesen nombrados Regidores de la naciente ciudad de Guadalajara, sino que, en aras de
perpetuar la memoria del heroísmo paterno, otorgó a don Gaspar un singularísimo e histórico privilegio de armas. La
Real Cédula, despachada y refrendada por el secretario Eraso, describe con minuciosidad heráldica el blasón
concedido, constituyendo una pieza de altísima relevancia para la iconografía histórica regional:
“… un escudo que, en medio dél, esté Vn peñol con su color con una fortaleza de piedra, que encima della
esté Vna Vandera blanca y colorada y a los lados de la dicha torre esté un letrero con unas letras de oro que
digan El Mistón, y al pie del dicho peñol esté un hombre muerto armado de armas blancas, con dos flechas
metidas por el cuerpo, y un arcabuz junto a él tendido en el suelo, en campo colorado, y por orla unas letras
latinas negras que digan: dvlze mori pro rege, en campo de oro, y por Timbre un yelmo cerrado con su rollo
torcido, y por devisa un león ranpante puesto en salto…”
Don Gaspar de la Mota retornó a la Nueva Galicia tras embarcarse en Sevilla el 5 de marzo de 1563. En Guadalajara,
consolidó su posición social y económica al fundar un Mayorazgo sobre las valiosas propiedades urbanas de su
propiedad ubicadas en la Calle de la Compañía de Jesús. Este vínculo jurídico fue establecido estratégicamente en
cabeza de la hija nacida de su segundo matrimonio, doña Mariana de la Mota y Vera, toda vez que los hijos de su
primer matrimonio con doña Bernardina de Temiño (hija a su vez del conquistador Pedro Pacho y de doña Ana de
Velasco, hermana del célebre fundador de Zacatecas, Baltasar Temiño de Bañuelos) ya se encontraban asegurados
económicamente mediante alianzas matrimoniales que los ligaban a los mayorazgos de la poderosa Casa de
Porres-Baranda.
II. LA ALIANZA SEFARDITA DE LOS VERA Y SU DISCUSIÓN
HISTORIOGRÁFICA
Uno de los componentes más debatidos y analizados por los genealogistas neogallego-alteños corresponde a la
introducción del linaje de Vera en la Casa de Padilla. Don Gaspar de la Mota, en segundas nupcias, contrajo
matrimonio con doña Mariana de Vera y Medina, hija del doctor don Juan de Vera y de doña N. de Medina. El doctor
Juan de Vera era hermano consanguíneo de una de las figuras políticas más prepotentes y controvertidas de finales
del siglo XVI en el occidente novohispano: el doctor don Santiago de Vera, quien fungió sucesivamente como Oidor de
la Real Audiencia de la Isla Española y como Gobernador y Presidente de la Audiencia Real de la Nueva Galicia.
Las investigaciones documentales presentadas por don Mariano González-Leal, fundamentadas en los minuciosos
estudios hispánicos de don Claudio Miralles de Imperial y Gómez, demostraron la filiación netamente sefardí de este
linaje de letrados y burócratas. Los hermanos de Vera eran hijos del doctor Juan de Santiago, médico de cámara de
Su Majestad y de las Infantas, natural de Sevilla y fallecido en Madrid, y de su esposa Isabel de Cazalla. La
ascendencia paterna y materna de dicha línea se encontraba plenamente registrada en los anales del Santo Oficio de
la Inquisición debido a sus reiteradas reconciliaciones y condenas por prácticas judaizantes.
Para comprender la estructura de este linaje, se presenta a continuación la genealogía ascendente de la rama
Vera-Cazalla, extraída de los procesos penales eclesiásticos de la época:
Generación / Parentesco Nombre del Ascendiente Estatus / Registro
Inquisitorial
Padres Dr. Juan de Santiago e Médico de cámara real
Generación / Parentesco Nombre del Ascendiente Estatus / Registro
Inquisitorial
Isabel de Cazalla (Sevilla/Madrid).
Abuelos Paternos Diego Hernández y N. N. Escribano de Su Majestad.
Abuelos Maternos Juan de Cazalla e Isabel
Sánchez
Condenados por el Santo
Oficio.
Bisabuelos
Paternos-Paternos
Juan de Sevilla y Violante
Ruiz
Cambiador de moneda.
Reconciliados por el Santo
Oficio.
Tatarabuelos (Línea Juan
de Sevilla)
Fernán González y Beatriz
Sánchez
Sastre sevillano.
Reconciliados por el Santo
Oficio.
Bisabuelos
Paternos-Maternos
Juan Ruiz e Isabel Ruiz de
Rojas
Escribano de las alzadas.
Condenados por el Santo
Oficio.
Esta profusión de antecedentes inquisitoriales provocó en su momento una agria e incomprensible reacción por parte
de historiadores de corte tradicionalista como don Jorge Palomino y Cañedo, quien en su obra Los Padilla de Ávila
criticó severamente a González-Leal por incorporar dichos datos, argumentando de forma idílica que tales probanzas
debieron omitirse. No obstante, desde la perspectiva de la historia científica moderna, el análisis de esta alianza
resulta crucial. Si bien la ascendencia de los Vera pasó a los Padillas alteños por una vía cognática sumamente remota
—lo que significa que la proporción de sangre sefardí en la población general de Los Altos en el siglo XX es
infinitesimal y equivalente a la de cualquier habitante de la Península Ibérica—, este linaje dejó una profunda huella en
la toponimia familiar y en el entramado de las mentalidades regionales.
III. LA RAMA DE DON DIEGO DE LA MOTA-PADILLA Y DOÑA
MARIANA DE VERA: LA UNIÓN DE LOS APELLIDOS
El tronco definitivo sobre el cual se asentó la descendencia motivo de esta monografía lo constituyó el connubio
celebrado entre don Diego de Padilla-Dávila (y Temiño de Velasco) y doña Mariana de la Mota y Vera (hija del Regidor
Gaspar de la Mota y de su segunda esposa). Don Diego, caballero de destacada presencia jurídica en Guadalajara,
otorgó su disposición testamentaria el 9 de julio de 1631, siendo sepultado de manera solemne dos días más tarde en
la capital del reino. Debido a las cláusulas de fundación del Mayorazgo de la Mota, los descendientes de este linaje
—particularmente aquellos asentados en las tierras altas— alternaron de manera indistinta las formas heráldicas de
sus apellidos, firmando diversos actos jurídicos ya fuera como Padilla-Dávila o como de la Mota-Padilla.
De este enlace nacieron a lo menos tres vástagos que articularon la historia familiar del siglo XVII:
1. Don Luis de la Mota-Padilla (o de Padilla-Dávila y Mota): Primogénito legítimo, quien falleció prematuramente
en Guadalajara y fue sepultado en el convento de San Agustín el 5 de junio de 1631. Casó con doña Aldonza de
Híjar y Mesa (descendiente directa del Magnífico Señor don Juan Fernández de Híjar, agnado de la Real Casa
de Aragón). Tras enviudar, don Luis mantuvo una unión natural en la jurisdicción de Jalostotitlán con doña Isabel
Hurtado de Mendoza, viuda del terrateniente Gonzalo Ramírez de Cantillana, naciendo de este trato una prolífica
línea natural que multiplicó el apellido en las haciendas alteñas.
2. El Bachiller presbítero don Gaspar de la Mota-Padilla: Clérigo de misa, quien otorgó su testamento en
Guadalajara el 13 de febrero de 1641, dejando constancia de sus bienes y capellanías.
3. Don Lorenzo de Padilla-Dávila y Mota: Nacido en Guadalajara hacia 1598, quien ocupó el cargo político de
Alcalde Mayor de dicha ciudad, donde fue sepultado el 10 de diciembre de 1648. Casó en primeras nupcias con
doña Isabel de Castro y Mesa, y en segundas con doña Josefa Arias de Valdés (hija de Juan Arias de Abella y
Valdés y de doña María de Orozco). De don Lorenzo dimana la segunda gran rama sucesoria de este linaje.
IV. LA RAMA PRIMERA Y LA SUCESIÓN DEL CAPITÁN DIEGO DE
LA MOTA-PADILLA “EL TUERTO”
La descendencia legítima de don Luis de la Mota-Padilla y doña Aldonza de Híjar se redujo a un único vástago: el
Bachiller don Juan de la Mota-Padilla y de Híjar, nacido en 1631 y ordenado sacerdote como Beneficiado de la Guaba
en Michoacán. Al abrazar el estado eclesiástico, don Juan quedó imposibilitado legalmente para transmitir la sucesión
del Mayorazgo familiar. Debido a que el otro hijo de don Luis, Diego de la Mota-Padilla, alias *el Tuerto*, era de filiación
natural (habido con doña Isabel Hurtado de Mendoza), el goce del Mayorazgo de la Mota se desvió de esta línea
primogénita y recayó en los descendientes legítimos de su hermano menor, don Lorenzo, como se detallará más
adelante.
No obstante su nacimiento fuera de matrimonio, a don Diego de la Mota-Padilla *el Tuerto* jamás se le escatimó en los
documentos de su tiempo el tratamiento honorífico de *Don*, derecho respaldado por el reconocimiento explícito y el
afecto de su abuelo paterno, en cuya casa de Guadalajara se crió. Tras la muerte de sus mayores, don Diego marchó
a la jurisdicción de Nochistlán, donde contrajo sus primeras nupcias el 1 de octubre de 1649 con doña Catalina de
Páez (conocida también como Cortés de Benavides o Sánchez de la Paz y Cortés). Hombre de intensa actividad
terrateniente, don Diego trasladó posteriormente su residencia a las tierras de su madre en Jalostotitlán, donde
contrajo segundas nupcias con doña Leonor de Hermosillo, y terceras en la Villa de Lagos en 1695 con doña Nicolasa
Moreno de Ortega y de Araujo. De su abundante descendencia con doña Catalina de Páez dimanaron cuatro líneas
principales de hondo arraigo regional:
● Línea de don Tomás de la Mota-Padilla: Casado en Jalostotitlán con doña Petronila Muñoz de Hermosillo y de
Camarena, cuya hija, doña Gertrudis, enlazó en 1716 con don Juan Crisóstomo Martín Gallardo y de Reynoso,
ligando su descendencia a la historia de San Juan de los Lagos.
● Línea de don Gaspar de la Mota-Padilla: Avecindado en Jalostotitlán, casó con doña Leonor Sánchez de
Porras, siendo padres de doña Gertrudis Efigenia, quien contrajo matrimonio en 1724 con don Juan Miguel
Flores de la Torre y Muñoz de la Barba.
● Línea de don Juan de Padilla y Mendoza: Establecido con holgura en Jalostotitlán, casó con doña Gertrudis
Muñoz de la Barba y González de Hermosillo. De sus hijos —don Joseph Manuel, don Nicolás y don Juan
Manuel— descienden prolíficas ramas que poblaron labores rurales de renombre como El Mezquite y El
Papalote. Es de esta línea de donde surge don José Lino de la Luz Padilla y Hurtado (bautizado en 1775),
célebre hacendado a quien la historia eclesiástica recuerda con justicia como el principal gestor y fundador del
pueblo de San Julián, al donar las tierras heredadas de su esposa doña María Joaquina de Múzquiz y Laris y
obtener la licencia de construcción de su capilla en 1846 de manos del Obispo don Diego Aranda y Carpinteiro.
● Línea de don Felipe de Jesús de la Mota-Padilla: Hijo natural de don Diego *el Tuerto*, quien casó en
Tepatitlán en 1700 con doña Juana González de Hermosillo (hija de Melchor *el Mozo* y de Nicolasa de
Lomelín). Sus descendientes multiplicaron profusamente el apellido en lasLABORES de San Pablo, Tequililla y
Los Acahuales en la jurisdicción tepatitlense.
V. LA LÍNEA SUCESORIA DEL MAYORAZGO DE LA MOTA Y EL
LICENCIADO MATÍAS ÁNGEL
Como se especificó anteriormente, la titularidad civil y nobiliaria del Mayorazgo de la Mota recayó en la descendencia
de la segunda rama, encabezada por don Lorenzo de la Mota-Padilla y su primera esposa doña Isabel de Castro y
Mesa. El primogénito de este enlace fue don Diego de la Mota-Padilla, de Castro y de Híjar, en quien se consolidaron
legalmente los derechos del vínculo fundado por Gaspar de la Mota tras la inhabilitación religiosa de su primo carnal el
Padre don Juan. Don Diego casó hacia 1668 con doña Lucía Flores de la Torre y de Hermosillo, naciendo de este
connubio doña Anna de la Mota-Padilla y Flores de la Torre.
Doña Anna, obligada por las leyes eclesiásticas y civiles a portar el apellido del vínculo en primer término, vivió su
juventud en la Villa de León, donde contrajo nupcias el 9 de septiembre de 1684 con el hidalgo extremeño don Matías
López, apodado *el Cautivo* debido a haber padecido una penosa prisión de más de diez años en manos de los moros
de Berbería. De esta unión nació, en la ciudad de Guadalajara, una de las mentes más preclaras del siglo XVIII
novohispano: El Licenciado don Matías Ángel de la Mota-Padilla.
Bautizado en el Sagrario Metropolitano de Guadalajara el 18 de octubre de 1688, Matías Ángel obtuvo el título de
Abogado de la Real Audiencia de México tras cursar estudios en la Real y Pontificia Universidad de la Corte. A lo largo
de su brillante carrera pública, se desempeñó como Alcalde Ordinario de Guadalajara, Alguacil Mayor del Santo Oficio
de la Inquisición, Fiscal Interino de la Real Audiencia y Alcalde Mayor de Aguascalientes en 1730, donde implementó
avanzadas medidas de ordenamiento urbano y de prohibición de armas. No obstante, su paso a la inmortalidad quedó
consagrado por su labor intelectual como autor de la **”Historia de la Conquista de la Nueva Galicia”**, concluida en el
siglo XVIII y constitutiva de una fuente documental insustituible para el conocimiento del período virreinal temprano.
Don Matías Ángel otorgó su testamento ante el escribano Antonio de Berroa el 9 de julio de 1766. Su sucesión
continuó por línea de cognación a través de su hija doña Petra Regalado Mariana Josefa de la Mota-Padilla, casada
con don Clemente Antonio de Velasco y Jiménez de Ulloa, fijándose desde entonces el apellido compuesto de
Mota-Velasco en sus descendientes, línea que se extendió hasta el siglo XX en ciudades como Guadalajara, León y
México, enlazando con distinguidas familias como los Torres-Landa, Mc Gregor y Larrea.
VI. EL MARTIROLOGIO DE LA FE Y LA TRADICIÓN HUMANISTA
DEL SIGLO XX
El devenir histórico del linaje de la Mota-Padilla durante la época contemporánea se encuentra indeleblemente ligado a
los acontecimientos bélicos y espirituales de la Cristíada (1926-1929), movimiento social donde numerosos miembros
de esta estirpe refrendaron con su vida la prístina fe cristiana heredada de sus mayores. El documento paleográfico
recuperado exalta con particular devoción las figuras de dos varones ejemplares sacrificados por el bando callista:
1. Don Luis Padilla Gómez
Nacido en Guadalajara el 8 de diciembre de 1899, fue educado por los padres jesuitas en el Instituto San José e
ingresó temporalmente al Seminario Conciliar. Destacado líder apostólico de la Asociación Católica de la Juventud
Mexicana (ACJM) y secretario de la Unión Popular, desplegó una intensa actividad de resistencia pacífica y boicot
económico en 1926. Fue aprehendido violentamente en su domicilio por las fuerzas federales a las dos de la mañana
del 1 de abril de 1927. Conducido al siniestro “Cuartel Colorado”, compartió las horas finales de martirio junto al
célebre pensador jalisciense, el Licenciado Anacleto González Flores. Tras arrodillarse y sumirse en una profunda
oración mariana, Luis Padilla Gómez recibió la descarga de fusilamiento que truncó su vida terrena a los 27 años de
edad.
2. Don Anselmo Padilla Márquez
Nacido en el predio de Charco Largo en la jurisdicción de la Unión de San Antonio en 1894, Anselmo fue un próspero
agricultor y comerciante de hondo arraigo en las villas de San Julián, San Francisco del Rincón y León. Acusado de
brindar apoyo logístico y financiero a los insurgentes cristeros de Los Altos, fue perseguido con saña por la columna
federal comandada por el general Miguel Zenón Martínez en agosto de 1927. Capturado tras ser identificado de
manera fortuita por un infante, Anselmo proclamó con valentía su fe ante sus captores. Sometido a crueles torturas
físicas que incluyeron la desollación de las plantas de sus pies y la obligación de caminar sobre brasas ardientes, se
resistió firmemente a proferir vívas al régimen secular. Sus últimas palabras, recogidas por la tradición oral familiar,
resuenan con tintes de epopeya mística: “Para que vean cómo, cuando se sufre por Cristo, ni la lumbre quema. Voy a
apagar el fuego con mi sangre”, falleciendo instantes después en medio del suplicio.
APÉNDICE DOCUMENTAL: LITERATURA Y TEOLOGÍA DE LA
ESTIRPE
La profunda vena intelectual y espiritual del linaje no se extinguió en los campos de batalla, sino que se canalizó a
través de la producción literaria, ensayística y teológica de destacados intelectuales nacidos en el seno de la familia
Padilla durante el transcurso del siglo XX, cuyas obras representan valiosos faros de formación ideológica:
A. El Pensamiento Sinarquista de don Juan Ignacio Padilla García
Nacido en 1917 y fallecido en 1964, el Licenciado don Juan Ignacio Padilla García (descendiente de la rama radicada
en San Juan de los Lagos y León) se consolidó como uno de los cuatro pilares fundamentales y principal ideólogo de
la Unión Nacional Sinarquista. Orador brillante, analista agudo y poeta de alta inspiración, legó en su obra cumbre,
“Sinarquismo: Contrarrevolución” (Editorial Polis, México, 1948), un testimonio imprescindible para comprender las
esencias del México católico frente a las influencias geopolíticas del protestantismo y el laicismo anglosajón del norte.
Asimismo, su pluma cultivó la lírica mística, dedicada a exaltar figuras de la devoción mariana y hagiográfica como en
su célebre poema a Santa Bernardita Soubirous.
B. La Cristología Mística del R. P. Jesús María Padilla Centeno, M. Sp. S.
Hermano carnal del anterior, el R. P. Jesús María ingresó a temprana edad a la Congregación de los Misioneros del
Espíritu Santo, fundada por el venerable Félix de Jesús Rougier. Tras culminar sus estudios teológicos en la ciudad de
Roma —donde fue ordenado sacerdote el 31 de marzo de 1934—, el Padre Padilla ocupó altas dignidades
eclesiásticas, incluyendo el cargo de Superior General de su orden en 1962. Autor de extensos tratados sobre
espiritualidad sacerdotal y biografías místicas, sintetizó su visión teológica en su celebrada obra “Mi Vivir es Cristo”
(México, 1981), donde expone de manera magistral el concepto paulino de la “cristificación” bautismal y el apostolado
de la sencillez en el mundo moderno.
— FIN DE LA CRÓNICA —
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